Jorge Calderón (DXC): "Es casi inimaginable como la IA cambiará nuestras vidas"
DXC Technology es una de las tecnológicas más relevantes del panorama aragonés y, desde hace 38 años, cuenta con su propia sede en Zaragoza. Jorge Calderón, director territorial de DXC Technology, comparte con HOY ARAGÓN las claves del éxito de la compañía y los retos que enfrentan en 2025.
PREGUNTA. Transformarse o morir. Es una frase que repites a menudo.
RESPUESTA. Porque es una realidad. En el futuro, habrá dos tipos de empresas: las que se han transformado digitalmente y las que cierran. El mercado en el que vivimos, cada vez más agresivo y competitivo, te obliga a transformarte infinitamente más rápido que hace unos años. Ahora, una pequeña tienda local puede vender en un mercado global desde internet. Y al mismo tiempo, compiten con lugares que nunca imaginaron que podrían competir con ellos.
La innovación es el ADN de DXC. ¿Cómo agregan valor al mercado en un sector en constante cambio y transformación?
Adaptándonos muy rápidamente. En DXC, invertimos mucho en innovación, aprovechando nuestra profunda experiencia en ingeniería y nuestras asociaciones con líderes como Microsoft, AWS, ServiceNow y SAP. Entendemos que adoptar nuevas propuestas innovadoras a menudo requiere el apoyo de la IA, por lo que consideramos la IA como una herramienta vital para impulsar el cambio transformador. Como columna vertebral de los viajes de modernización de nuestros clientes, los apoyamos en cada paso de su transformación, ayudando a impulsar la productividad y la eficiencia. Esto nos permite mantenernos a la vanguardia en un sector que exige una evolución continua, asegurando que nuestros clientes siempre estén preparados para lo que viene.
Quien no apueste por la innovación o la transformación digital… ¿acabará muriendo?
Suena contundente, pero es tan real. No será rápido, de un día para otro, no quiero ser catastrófico, pero dentro de unos años, quién no se haya transformado digitalmente, le resultará muy complejo competir en un mundo y un mercado cada vez más global. Hoy en día, una idea innovadora puede ponerte a la vanguardia con una aplicación tecnológica. Siempre insisto en que ser innovador no requiere ser el primero. Lo que deberían hacer las empresas es subirse al carro de esa innovación. Por poner un ejemplo bastante sencillo: hoy en día, en logística, todos los camiones están controlados por GPS, y puedes saber la ruta que están tomando, las cargas, las paradas e incluso el desgaste de los neumáticos. Hubo una empresa que innovó y empezó con ello, pero todas las demás empresas importantes siguieron su ejemplo con el tiempo. No tienes que ser la primera, pero no puedes evitar la innovación, si no quieres morir en el intento.
¿En qué medida la IA cambiará nuestras vidas?
Casi inimaginable. Con razón se la llama “la cuarta revolución industrial”. Intento no ser demasiado dramático, pero claramente destruirá algunos empleos y creará otros, como ocurrió con anteriores revoluciones industriales. Tenemos desde las cosas más llamativas, como conducir un coche autónomo gestionado por IA, hasta las cosas más pequeñas, que creo que realmente cambiarán nuestras vidas: gestionar nuestros hábitos alimentarios (sugerido por una IA que te conocerá mejor que tu médico), propuestas de ejercicio, con tu entrenador personal, o ayuda en la automatización de procesos de bajo valor añadido, que una IA hará directamente.
En medio de tantos cambios disruptivos en la tecnología, ¿dónde se encuentra la humanidad?
En cada uno de nuestros poros. Os pongo un ejemplo muy personal: Me encanta observar a mis equipos, ver cómo trabajan desde fuera y ver qué podemos mejorar, para entregar una calidad excelente. En los pequeños detalles, radica la humanidad: el compañero que siempre le trae el café que le gusta a su compañera, los compañeros que montan casi un club deportivo con el estandarte de DXC (un equipo de padel,otro de running, otro de futbol sala…) y los ves prepararse, reírse, ayudarse, perder y levantarse, ganar y celebrar… la compañera que colabora con una fábrica de yogures como “la fageda”, donde todos los empleados son discapacitados y decide ese año hacer una donación personal y animarnos al resto, porque le ha tocado el corazón trabajar con una empresa que integra de esa manera… Fijaos si creo que destilamos calidad humana en nuestra empresa, que hay un KPI muy interesante que es la tasa de retornados: la gente que vuelve a DXC de nuevo. Tenemos más del doble de retornados que la media española. Y cuando vuelven, lo hacen diciendo que en ningún sitio han encontrado tanto compañerismo como aquí.
DXC juega un papel importante en el sector tecnológico en Aragón, ¿cuál es el objetivo para 2025?
Las tengo muy claras: crecer como equipo y llegar a los tan deseados 1.500 empleados. Ayudar más, y mejor, a nuestros clientes aragoneses, por cercanía, sin olvidar que desde Zaragoza atendemos a todo el mundo, por lo que no puedo olvidarme tampoco de todos nuestros clientes “no aragoneses”. Y segundo, para seguir siendo disruptivos, estamos trabajando muy bien en líneas de negocio muy innovadoras, relacionadas con IA, genética, Industria 4.0 y consultoría de alto nivel, y ese camino me parece súper interesante para 2025.
La falta de mano de obra cualificada es uno de los handicaps del sector. ¿A qué crees que se debe?
Se debe a que tenemos la tormenta perfecta. No sólo aquí en Aragón, sino en toda España. En primer lugar, tenemos mucha demanda en el mercado, mucha más de la que podemos atender entre todos. Sin embargo, casi no tenemos oferta de empleados potenciales: las universidades y los centros de formación profesional aportan lo que pueden.
Para mí la clave, está en bajar al nivel de las escuelas e institutos e investigar lo que sucede a continuación: del volumen de estudiantes que terminan la secundaria, muy pocos terminan en carreras técnicas. Y aún menos mujeres. Entonces, si no tienes lo que necesitas para satisfacer tu demanda, creces más lentamente.
¿Posibles soluciones? Algunas ya están en marcha: ampliar plazas universitarias para carreras tecnológicas (esto tiene patas cortas porque siempre aprueban un porcentaje bajo “año a año”, por lo que la producción podría mejorar en 10 a 15 personas máximo), fortalecer universidades privadas como San Jorge, con más lugares y carreras “híbridas” (biotecnología, etc.).
Hacer crecer los centros de formación profesional y, sobre todo, eliminar el estigma negativo que tienen algunos centros de formación profesional. Y una última cosa: animar a los padres/tíos/tías/abuelos a hablar con sus familiares en edad de estudiar y sugerirles que sigan carreras tecnológicas, aquí siempre hay trabajo, y creo que un empujoncito cuando estén en 3º-4º de ESO es lo que marcaría la diferencia.