María Jesús Lorente (CEPYME): "Solo el 20% de las pymes aragonesas está preparada para integrar la IA"
La pequeña y mediana empresa encara 2026 en un escenario marcado por la incertidumbre regulatoria, el encarecimiento de los costes y los profundos cambios tecnológicos y productivos que atraviesa la economía.
En este contexto, la presidenta de CEPYME Aragón, María Jesús Lorente, analiza los principales indicadores que marcarán la evolución de la pyme, los riesgos y oportunidades del próximo ejercicio y las reformas necesarias para reforzar la competitividad del tejido empresarial. Una radiografía realista de los retos inmediatos y de las palancas que pueden convertir 2026 en un punto de inflexión para la economía aragonesa.
PREGUNTA. ¿Con qué tres indicadores se queda CEPYME para medir si 2026 será un buen año para la pyme? ¿Qué escenario manejan y qué tendría que pasar para mejorarlo?
RESPUESTA. Desde CEPYME Aragón nos fijamos, de manera prioritaria, en tres indicadores clave: la evolución de las ventas reales, el empleo neto estable y la inversión productiva.
Las ventas reflejan directamente la fortaleza de la demanda interna y externa. En 2025, Aragón mostró un comportamiento desigual: sectores vinculados a la automoción, la logística, la agroindustria y la defensa crecieron apoyados en grandes inversiones —como la consolidación del polo industrial de Zaragoza o los proyectos logísticos vinculados al eje del Ebro—, mientras que el comercio y los servicios sufrieron una mayor presión de costes.
El segundo indicador es el empleo, no solo en términos cuantitativos, sino también de calidad y productividad. Aragón cerró 2025 con creación de empleo, pero con una tasa de vacantes creciente en perfiles técnicos, lo que limita el crecimiento empresarial.
Por último, la inversión es el verdadero termómetro de la confianza empresarial. En 2025 vimos anuncios relevantes en energías renovables, centros de datos, industria auxiliar y modernización logística, pero la pyme aún invierte con cautela. Para mejorar el escenario en 2026 es imprescindible estabilidad normativa, certidumbre fiscal y una reducción de los costes no productivos.
¿Qué está pesando más ahora en la confianza de la pyme y qué datos lo demuestran?
Hoy la incertidumbre regulatoria y el aumento estructural de los costes laborales son los factores que más deterioran la confianza de la pyme.
Los datos son claros: en 2025 el coste laboral por trabajador siguió creciendo por encima de la productividad, impulsado por el incremento de las cotizaciones sociales, subidas salariales obligadas y mayores cargas administrativas. A ello se suma la inestabilidad normativa, con cambios frecuentes en materia laboral, fiscal y energética, que dificultan la planificación a medio plazo.
La energía ha moderado su impacto respecto a 2022 y 2023, pero sigue siendo un factor de riesgo en sectores intensivos. La financiación, aunque algo más accesible tras la estabilización de los tipos de interés, continúa siendo selectiva para la pyme.
¿El principal freno para crecer en 2026 será la falta de demanda o la falta de personal?
El principal freno será, claramente, la falta de personal cualificado, más que la demanda.
En Aragón faltan perfiles técnicos en industria, mantenimiento, logística, digitalización, ciberseguridad, energías renovables y oficios especializados. Desde CEPYME defendemos simplificar la contratación, reducir la rigidez administrativa, mejorar la Formación Profesional dual, reforzar la conexión entre empresa y sistema educativo y facilitar la movilidad laboral.
Todo ello sin precarizar el empleo, pero entendiendo que la flexibilidad es compatible con un empleo de calidad.
¿Qué porcentaje de pymes está preparado para integrar inteligencia artificial y automatización en 2026?
Estimamos que solo entre un 20% y un 25% de las pymes aragonesas está realmente preparado para integrar inteligencia artificial y automatización de forma efectiva en 2026. Un estudio presentado en 2025 por IAON aporta datos muy clarificadores en este sentido.
Las principales barreras son el coste de implantación, la falta de formación, la cultura empresarial y, cada vez más, la ciberseguridad. En 2025 vimos avances gracias a programas europeos y autonómicos, pero todavía muy concentrados en empresas medianas.
Para acelerar este salto es necesario incentivar fiscalmente la inversión tecnológica, simplificar el acceso a ayudas, apostar por formación práctica para directivos y mandos intermedios y reforzar la seguridad digital como parte integral del proceso.
Si pudiera cambiar tres cosas del marco regulatorio para 2026, ¿cuáles serían y qué impacto tendrían?
La primera sería reducir las cargas administrativas y burocráticas específicas para las pymes en Aragón, especialmente los trámites repetidos entre distintos niveles de la administración, la falta de unificación de requisitos dentro de la comunidad autónoma y la complejidad de muchos procesos digitales. El objetivo sería minimizar documentación duplicada, tiempos de espera y costes asociados al cumplimiento normativo, por ejemplo mediante una ventanilla única digital autonómica para pymes con validación automática entre administraciones.
El impacto esperado sería una reducción del coste y del tiempo de cumplimiento regulatorio, liberando recursos para inversión y crecimiento, además de una mejora del clima de inversión local y un impulso al emprendimiento, también en zonas rurales. En España, casi la mitad de las pymes considera la regulación un obstáculo importante para invertir a largo plazo, un porcentaje que alcanza hasta el 63% en las empresas de menor tamaño.
La segunda medida sería una transposición más ágil de las directivas europeas que favorecen a las pymes. Es fundamental que España implemente con rapidez normativas como la Directiva del régimen especial de IVA para pymes (UE 2020/285), que permite menores cargas de IVA a empresas con facturación reducida. Su aplicación ha sido reclamada por CEPYME Aragón para evitar desventajas competitivas frente a pymes de otros países de la Unión Europea.
El impacto sería un mejor posicionamiento competitivo de las pymes aragonesas en el mercado europeo, mayor liquidez y una mejora del flujo de caja, además de un refuerzo real del mercado único para las empresas de menor tamaño.
La tercera sería incorporar incentivos regulatorios y fiscales claros para la sostenibilidad, la digitalización y la internacionalización de las pymes. Hablamos de exenciones o créditos fiscales por inversiones sostenibles, bonificaciones por digitalización y formación en competencias digitales, así como ayudas y simplificación administrativa para la exportación y la prospección internacional.
El impacto esperado sería una mejor preparación del tejido empresarial para la transición económica y ecológica, un aumento de la competitividad y la productividad, y una mayor resiliencia ante futuros cambios regulatorios, como la aplicación de la normativa europea de sostenibilidad ESG a partir de 2026.
¿Cuál es el mayor riesgo para la pyme española en 2026?
El mayor riesgo es una combinación de costes estructuralmente altos y una desaceleración del consumo en un contexto de elevada presión regulatoria.
Si la demanda se enfría y la pyme no puede ajustar costes ni invertir para ganar productividad, los márgenes se estrechan peligrosamente. Esto afecta especialmente al comercio, la hostelería y las pequeñas industrias auxiliares.
¿Cuál sería la gran oportunidad si se hace bien?
La gran oportunidad está en una reindustrialización inteligente, apoyada en la transición energética, la economía digital y la exportación.
Aragón ha demostrado en 2025 que puede atraer inversión industrial, logística y tecnológica. Si conseguimos que la pyme se integre en esas cadenas de valor —como proveedor, innovador o socio tecnológico—, 2026 puede marcar un salto cualitativo en competitividad y en empleo de calidad.