Grupo Lobe y la construcción sostenible: hacia un futuro con huella de carbono casi nula
La evidencia del cambio climático es cada vez más tangible en nuestra cotidianidad; precipitaciones extremas, prolongadas sequías, incremento de las temperaturas todo el año y subidas del nivel del mar que amenazan las costas. En este contexto, el sector de la edificación es responsable del 39% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero a la atmosfera según el Green Building Council. Esta realidad señala a la construcción como responsable directa de la problemática climática, pero, también, como un sector con un enorme potencial de optimización e innovación.
La fase operativa de los edificios representa el 27% del total de estas emisiones (70% de las generadas por la edificación), lo que subraya la necesidad de implementar estrategias para minimizar su impacto. En este sentido, Grupo Lobe apuesta decididamente por la reducción de la huella de carbono en la fase de uso de sus edificaciones mediante la certificación Passivhaus, garantizando consumos energéticos casi nulos y optimizando la eficiencia de sus construcciones.
El enfoque pasivo, cada vez más conocido en el sector, permite controlar de manera eficiente las cargas térmicas internas, reduciendo la demanda energética de los sistemas activos. La combinación de aislamientos térmicos de alta eficiencia, carpinterías avanzadas, minimización de puentes térmicos y hermeticidad extrema son los pilares de esta estrategia. A pesar de que el estándar Passivhaus se originó en climas fríos, su adaptación a entornos cálidos es fundamental, como en el caso de Zaragoza. El control del sobrecalentamiento se logra mediante sistemas de protección solar como voladizos estratégicamente diseñados, acristalamientos de altas prestaciones y persianas con rotura de puente térmico (triple vidrio o doble), garantizando el cumplimiento de los estrictos parámetros fijados por el Passivhaus Institut tanto en invierno como en verano.
Este riguroso control de las cargas térmicas repercute directamente en la reducción de la potencia requerida por los sistemas de climatización. Una menor demanda energética implica la instalación de equipos con menores potencias, lo que se traduce en una disminución significativa del consumo por vivienda. Además, el estándar Passivhaus establece un umbral máximo del consumo para el conjunto de sistemas activos del edificio, asegurando tanto una reducción en la factura energética de los usuarios como una contribución efectiva a la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero durante la fase operativa del inmueble.
Más allá del impacto en la fase de uso, es imprescindible abordar el 11% de las emisiones del sector derivadas de la fabricación de materiales y procesos constructivos (30% de las generadas por la edificación). Grupo Lobe está impulsando un proceso de industrialización integral que abarca desde la estandarización y prefabricación hasta la optimización de la modulación de elementos constructivos y la implementación de un control riguroso de los procesos.
Esta industrialización maximiza el aprovechamiento de los materiales, minimiza los residuos y mejora la eficiencia global del proceso edificatorio permitiendo, en combinación con la certificación Passivhaus, reducir de manera significativa la huella de carbono de los edificios desde la concepción del proyecto hasta el final de su ciclo de vida.
* Este artículo forma parte del Especial Sostenibilidad 2025. Ver especial completo aquí.