El alimento que usaba tu abuela en la Guerra Civil... y en 2026 es gourmet para muchos chefs

De los huertos y mataderos de la posguerra a los restaurantes de alta cocina, los despojos de los animales se han convertido en una tradición culinaria que sobrevive y se reinventa
Riñones, un alimento de casquería con siglos de historia, que hoy los chefs elaboran como plato gourmet.
Riñones, un alimento de casquería con siglos de historia, que hoy los chefs elaboran como plato gourmet.

En la posguerra, muchos alimentos eran considerados productos de supervivencia. La escasez marcó a generaciones enteras, que aprovecharon cada parte de los animales y de los huertos familiares para alimentarse. Hoy, lo que antes era una necesidad se ha transformado en un manjar apreciado por chefs y gourmets.

Hace décadas, la mayoría de las familias podían disponer de un pequeño huerto o criar animales propios. Esta producción local aseguraba alimentos frescos y variados, además de un aprovechamiento máximo de los recursos disponibles. Carne, huevos y verduras se convertían en fuentes de proteína y nutrientes esenciales. 

De la supervivencia a la alta cocina

Con el tiempo, la industrialización de la alimentación y la llegada de los supermercados cambiaron los hábitos. La carne procesada y los productos envasados sustituyeron a las carnicerías tradicionales, reduciendo el uso de ciertas partes de los animales. Productos como las albóndigas industriales pueden contener menos del 50% de carne real, mientras que los restos, antes aprovechados, desaparecen del menú cotidiano.

Sin embargo, la casquería, que incluye hígados, riñones, mollejas, callos o rabo de toro, ha sobrevivido y se ha revalorizado en la alta cocina. Platos como los macarrones con hígado de gallina de la abuela o los riñones encebollados recuerdan la tradición de aprovechar todo el animal, ahora reinterpretada por chefs de todo el mundo.

Según expertos de Grupogastronomicogaditano la tradición de la casquería se remonta a épocas muy antiguas, los egipcios ya describían métodos de engorde de hígado con higos; los griegos celebraban banquetes funerarios con tripas a la brasa; los romanos consumían foie gras, rabos, mollejas, morros y riñones. Bizantinos y visigodos continuaron estas tradiciones, al igual que en la España medieval, donde los mercados permitían a las poblaciones aprovechar los restos de los animales sacrificados.

Uno de los hitos históricos más destacados ocurrió en 1270, durante el reinado de Alfonso X el Sabio, con la concesión de las Cartas Pueblas. Este privilegio permitió a ciudades como La Pola, en Asturias, establecer mercados semanales para vender y sacrificar ganado, asegurando el aprovechamiento de todas las partes del animal. Allí surgió una tradición casqueril que convirtió restos como riñones, hígados, manos de cerdo o mollejas en platos reconocidos por su sabor y calidad, llegando incluso a ser solicitados por la nobleza de Oviedo para sus palacios.

Hoy, la casquería combina tradición y creatividad. Lo que nació como necesidad de supervivencia se ha transformado en un elemento gastronómico valorado que refleja la historia, la cultura y la innovación culinaria española.

Comentarios