El Bar Picadillo cambia de dueños pero sigue con el torrezno como estrella
El Picadillo, uno de los bares más icónicos de Zaragoza, acaba de iniciar una nueva etapa tras casi 40 años de historia. Ubicado en la calle Manifestación, 13, este establecimiento ha sido durante décadas un referente de la gastronomía popular de la ciudad, con sus vitrinas repletas de tapas y raciones que han fidelizado a generaciones de clientes.
A finales de 2024, Paco Sánchez, el veterano hostelero que llevaba al frente de El Picadillo desde su apertura el 2 de agosto de 1985, decidió ceder el testigo a un nuevo equipo de emprendedores. Los jóvenes socios Guillermo Pérez, Jorge Sampayo y Joaquín Velasco son quienes han asumido ahora la gestión del establecimiento, con el reto de mantener vivo el legado del local al mismo tiempo que lo renuevan para el futuro.
Aunque apenas llevan tres meses al mando, estos nuevos propietarios aseguran que su prioridad es preservar la esencia de El Picadillo. El local apenas ha cambiado: una mano de pintura y poco más. La barra, las mesas, las sillas y los tradicionales manteles de papel siguen siendo parte del ambiente familiar que caracteriza al bar.
La verdadera identidad de El Picadillo radica en sus vitrinas de tapas, que se exhiben con orgullo al público durante todo el día. En este sentido, la cocina sigue fiel a sus clásicos, como los famosos torreznos y el picadillo que da nombre al local. No obstante, el cocinero ha introducido pequeñas modificaciones que buscan mejorar la calidad sin alterar la tradición. Un ejemplo es la masa orly utilizada en los rebozados, que ha sido ligeramente reformulada.
"Queremos que cada tapa que se sirva aquí mantenga ese sabor auténtico que ha hecho grande a El Picadillo", comenta Velasco. La fuerte vinculación del local con Soria se mantiene intacta, especialmente en la oferta de torreznos que siguen siendo uno de los principales reclamos para los clientes habituales.
El Picadillo forma parte de la historia viva de Zaragoza. Durante décadas, ha sido un punto de encuentro para generaciones que se han reunido en sus mesas a compartir tapas y charlas. En su salón principal, no es raro ver a grupos de mayores jugando a las cartas, una imagen que evoca un sentido de comunidad cada vez más difícil de encontrar en pleno centro de la ciudad.
Su ubicación privilegiada en la calle Manifestación, una de las vías más concurridas de la capital aragonesa, ha contribuido a su popularidad. El Picadillo se ha mantenido como un lugar accesible, familiar y con un ambiente acogedor que atrae a todo tipo de públicos.
Para sus nuevos gestores, la clave del éxito está en no perder la esencia que le ha dado su fama. La intención de los nuevos propietarios es mantener la línea clásica de El Picadillo, pero también abrirse a nuevas propuestas que permitan atraer a un público más joven.


