Entalto: el bar de Zaragoza donde el orgullo de izquierdas y el aragonesismo se palpa

Este local se han convertido en un espacio de reivindicación social a través de su estética e historia.
Parte del equipo de Entalto / @elentalto
Parte del equipo de Entalto / @elentalto

En el barrio de La Magdalena algunos bares laten con fuerza cultural y política. Más allá de servir tapas o vermú de forma tradicional, este local se han convertido en un espacio de reivindicación social a través de su estética e historia.

Imbuidos del orgullo aragonés y un pensamiento crítico hacia el sistema, promueven valores alternativos que los elevan más allá de simples bares. Tanto es así que cada pocas semanas organiza exposiciones culturales para fomentar el pensamiento de valores vinculados al ecologismo, a los derechos humanos o al feminismo.

Fundado en los años más intensos del siglo pasado, El Entalto se erige hoy como un emblema de resistencia cultural. Su nombre en aragonés, "hacia arriba", indica su voluntad de construir desde las raíces. Renombrado por su ambiente combativo y su contundente cocina, destacan sus croquetas y ensaladas. Una carta de bocadillos homenajea a heroínas aragonesas.

La decoración es un manifiesto. En algunos puntos, hay motivos de la II República o el anarcofeminismo que cuelgan junto a carteles históricos. Aquí confluían, hace décadas, colectivos de izquierda, ecologistas e independentistas que a día de hoy se recuerdan con añoranza.

Un detalle memorable es que Violadores del Verso, grupo fundador del rap español, eligió sus muros para ensayar temas que marcarían época. Entre 1997 y 2004, este almacén fue su cuartel de operaciones para componer himnos de la cultura hip hop nacional.

Asimismo, en el blog Zaragoza Rebelde se ha compartido un testimonio que captura el espíritu más íntimo de este lugar durante las décadas de 1980 y 1990: "El Entalto ha significado un proceso de aprendizaje sobre lo humano, me ha enfurecido, me ha brindado momentos sublimes... Creo que es una entidad a la que todo aquel que ha pasado por ella le ha aportado algo, con una implicación mayor o menor".

El artículo continúa resaltando que se trataba de un espacio abierto, donde se vivieron situaciones sociales, culturales, sexuales, políticas y solidarias. Surgió como una posibilidad de ofrecer infraestructura y añadir un local más en el barrio para que las turbulencias sociopolíticas de finales de los 80 encontraran un foro donde coexistir. Un ámbito de experiencias, aprendizaje colectivo y comunidad.

El Entalto no está solo. En la zona de La Magdalena existen otros bares y lugares similares que comparten esa vocación de alternativa cultural y política, donde los vinos se acompañan de debates, recitales o sesiones de micro abierto. Algunos de estos sitios están asociados a movimientos vecinales, plataformas sociales o centros culturales autogestionados, formando parte del tejido vivo del vecindario.

En estos bares, pedir un aperitivo puede venir acompañado de una charla sobre soberanía alimentaria, derechos sociales o memoria histórica. Son lugares donde la decoración no es neutral, donde la música no es de fondo, y donde la cerveza artesanal o el refresco casero se beben al ritmo de cantautores combativos o grupos de folk aragonés.

Algunos bares del Casco Antiguo son algo más que negocios. Son espacios de resistencia, cultura y pertenencia. En un momento en que muchos barrios históricos pierden su identidad por la gentrificación, estos locales mantienen viva una forma de vivir y entender el barrio como comunidad.

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