Ni Nolasco ni los Sitios: la plaza de Zaragoza para amantes del tapeo y las raciones

Los bares con tapas míticas en la plaza más castiza y sabrosa del casco viejo de Zaragoza
La plaza de Zaragoza para amantes del tapeo y las raciones
La plaza de Zaragoza para amantes del tapeo y las raciones

A escasos pasos de la Seo y de la Plaza del Pilar, en pleno corazón del casco antiguo de Zaragoza, se encuentra un rincón que enamora a los paladares más exigentes: la Plaza Santa Marta. Esta coqueta plaza peatonal se ha convertido en una parada obligatoria para los amantes del tapeo, con una oferta gastronómica tan diversa como deliciosa. Más allá de los clásicos turísticos, este enclave concentra una colección de bares y tabernas que han hecho del arte de la tapa su seña de identidad.

LOS BARES IMPRESCINDIBLES DEL TAPEO EN LA PLAZA SANTA MARTA

Los Victorinos es un espacio de estética taurina y con apenas unas mesas, pero le han sido suficientes para ganrse el respeto de zaragozanos y visitantes gracias a una carta que mezcla lo castizo con lo creativo. El huevo con trufa blanca del Piamonte, las croquetas de cocido o el montadito de boletus son algunos de sus hits. 

Justo enfrente, el Tragantúa Gran Taberna propone un festín del mar en plena ciudad. Sus arroces con bogavante o langosta se codean con tapas más informales como sus aplaudidas croquetas de jamón de Jabugo o sus boquerones fritos. Es uno de los bares más animados de la plaza y su barra siempre está al rojo vivo.

Por otro lado, Taberna Marpy apuesta por el producto fresco y de temporada. Su carta cambia según el mercado y es habitual encontrar platos como cazón en adobo, guiso de rabo de toro o pulpo a la gallega. En verano, su terraza es de las más codiciadas del casco antiguo, perfecta para maridar una tapa con una copa al atardecer.

SABORES CON HISTORIA: BARES QUE MARCARON ÉPOCA

Con más de 40 años a sus espaldas, Taberna El Lince es historia viva del tapeo zaragozano. Su montadito “Guardia Civil”, con sardina rancia, pimiento y pepinillo, es una institución local. No falta quien lo pide en versión picante para darle un extra de emoción. La carta se completa con una selección cuidada de embutidos, quesos, escabeches y montaditos variados, siempre fieles a la tradición.

Pocos bares pueden presumir de haber creado una tapa mítica. Casa Dominó lo consiguió hace más de tres décadas con su famoso jamón batido, una receta original que, aunque ha sido imitada por muchos, mantiene aquí su versión más auténtica. La salsa que lo acompaña es un secreto familiar que ha pasado de generación en generación, convirtiendo este bocadito en una parada obligada.

Por su parte, El Rincón de Curro brilla por su ambiente acogedor y su cocina honesta. Aquí se respira aire de bar de toda la vida. Desde sus cojonudos y langostinos con mayonesa hasta su ensaladilla rusa estilo abuela, cada tapa tiene un toque casero que conquista. Y sus postres, lejos de ser un añadido, sorprenden con propuestas como la croqueta de chocolate con sal Maldon o una gelatina de gin tonic con helado de limón.

MÁS ALLÁ DE LA PLAZA: SABOR Y TRADICIÓN A POCOS PASOS

Aunque técnicamente se encuentra en una calle anexa, el Restaurante Cedros merece una mención especial. Abierto desde 1986, este local familiar ha convertido sus huevos estrellados en uno de los platos más demandados de la zona. La proporción perfecta entre yema y clara, junto con unas patatas de textura ideal, hacen que este plato sencillo brille con luz propia. También destaca su chuletón a la piedra y una carta de postres donde la tarta de queso y la de huesitos se llevan los aplausos.

Comentarios