La A-68 se termina al fin entre Gallur y Mallén: 75 millones después y 20 años más tarde

El nuevo tramo de autovía se ha construido aprovechando el trazado de la antigua N-232, lo que ha obligado a elevar la calzada y adaptar los pasos transversales existentes

La herida abierta de la N-232 entre Gallur y Mallén se cierra, al fin, más de dos décadas después de que comenzaran las primeras reivindicaciones vecinales y políticas. El último tramo pendiente de la A-68 entre ambas localidades ha sido abierto al tráfico, completando el desdoblamiento de uno de los puntos negros históricos del corredor del Ebro y acortando el trayecto por carretera entre Aragón, Navarra y La Rioja.

La actuación, que incluye la conexión hasta Cortes, ha supuesto una inversión superior a los 75 millones de euros y pone en servicio cerca de 5 kilómetros de nueva autovía por los que se espera que circulen unos 13.000 vehículos diarios.

Una autovía que ha tardado más de dos décadas en llegar

La transformación de la N-232 en la A-68 ha sido uno de los procesos más largos y cuestionados de la red viaria aragonesa. Tramo a tramo, con retrasos, proyectos revisados y reclamaciones constantes, el desdoblamiento entre Zaragoza y el límite con Navarra se ha ido aprobando y ejecutando de forma fragmentada.

El tramo ahora inaugurado entre Gallur y Mallén es especialmente simbólico: era uno de los más peligrosos, con un tráfico intenso de turismos y pesados, adelantamientos de riesgo y sin alternativas de desvío gratuitas durante muchos años. Los vecinos de la zona, las plataformas ciudadanas y los alcaldes del entorno llevaban más de 20 años repitiendo el mismo mensaje: “la A-68 no podía seguir siendo una promesa”.

Los trabajos de este último tramo se han prolongado ocho años, el doble de lo previsto inicialmente. Un nuevo retraso sobre un calendario ya inflado por decisiones políticas, ajustes presupuestarios y problemas de ejecución.

Cómo es el nuevo tramo Gallur–Mallén de la A-68

El nuevo tramo de autovía se ha construido aprovechando el trazado de la antigua N-232, lo que ha obligado a elevar la calzada y adaptar los pasos transversales existentes para cumplir los estándares actuales de seguridad y diseño.

Las principales características técnicas son dos calzadas, una por sentido, dos carriles por sentido de 3,50 metros, arcén exterior de 2,50 metros, arcén interior de 1,5 metros. Además, el tramo incluye enlace de Mallén, enlace de Cortes y tres vías de servicio.

Estas conexiones permitirán mejorar el acceso a Mallén, Cortes y sus polígonos industriales, así como la comunicación con la red provincial que articula la comarca del Campo de Borja.

Menos siniestralidad, más competitividad… pero con deberes pendientes

La entrada en servicio del tramo supone, sobre todo, un avance en seguridad vial. La antigua N-232 en este punto era tristemente conocida por su alta siniestralidad, especialmente en choques frontales y accidentes por adelantamientos en condiciones de tráfico muy denso.

Sin embargo, no todo son aplausos. Desde el Ayuntamiento de Mallén, su alcalde Rubén Marco ha advertido de problemas de visibilidad en uno de los accesos al municipio desde la nueva autovía. Reclama al Ministerio de Transportes que corrija cuanto antes estas deficiencias para que la mejora de la infraestructura no genere nuevos riesgos en los ramales de entrada y salida.

Una autovía estratégica para Aragón, Navarra y La Rioja

Con este último tramo, la A-68 consolida su papel como eje estratégico del valle del Ebro, conectando el área metropolitana de Zaragoza, el acceso hacia Navarra (Tudela, Pamplona) y el corredor hacia La Rioja y el norte peninsular

Para Aragón, supone cerrar una cicatriz histórica en su red de gran capacidad. Para miles de conductores que han sufrido durante años las caravanas y el miedo a los adelantamientos en la N-232, el mensaje es claro: la autovía ha llegado tarde, pero ya está aquí. Y ahora toca vigilar que funcione con todas las garantías.

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