La cosecha del almendro en Aragón, casi en ruina: cae un 90% por la lluvia y las enfermedades

Los pequeños agricultores denuncian que los precios no cubren ni los costes de producción y alertan del impacto de los fondos de inversión en el sector.

La cosecha de almendro en Aragón afronta uno de sus peores años en la última década. Así lo denuncia ARAGA, la Asociación Regional de Agricultores y Ganaderos de Aragón, que ha hecho un balance previo a la recolección, alertando de una merma drástica en la producción, especialmente en cultivos de secano.

La cosecha de almendro 2025 en Aragón refleja un año especialmente duro para el campo, que suma pérdidas agronómicas, precios ruinosos y un contexto estructural muy complejo. El futuro, si no se toman medidas, amenaza con dejar atrás a los productores más pequeños, y con ellos, a una parte esencial del tejido agrario de la comunidad.

Las causas principales, según los productores consultados, son las condiciones climáticas adversas durante la primavera, con lluvias intensas, heladas, granizo y temperaturas irregulares. Esto ha favorecido la proliferación de enfermedades como la monilia, un hongo que afecta directamente a la floración y al fruto, provocando grandes pérdidas.

Mermas de hasta el 90% en zonas de secano

Víctor Corbacho, agricultor en Las Pedrosas (Zaragoza) y socio de ARAGA, explica que “la cosecha ha sufrido una merma importante, sobre todo en el secano en nuestra zona”. En el caso de las variedades más tardías, las pérdidas oscilan entre el 80 y el 90%, llegando incluso al 100% en algunas fincas.

Aun así, la poca producción que queda presenta una calidad destacable, con almendras de buen tamaño y peso. Una pequeña luz entre tanta incertidumbre.

David, agricultor en Luna, reconoce que “ha sido tan mala que nos estamos planteando si siquiera merece la pena recoger”. A la mala cosecha se suma la falta de árboles jóvenes para reponer las bajas, lo que encarece el proceso y limita las posibilidades de recuperación a medio plazo.

Desde Almonacid de la Cuba y Quinto, el veterano agricultor José Mairal, con más de 25 años de experiencia en el cultivo de almendros, lamenta que este año ha sido “especialmente duro” por el encadenamiento de fenómenos climáticos extremos.

Precios bajos y una rentabilidad al límite

Uno de los problemas estructurales que más preocupa al sector es la escasa rentabilidad del cultivo. “El precio es muy bajo, escasamente da para cubrir costes”, denuncia Corbacho. David coincide en que el mercado actual no compensa el esfuerzo del agricultor, mientras que las grandes explotaciones impulsadas por fondos de inversión disparan los precios de los árboles y la competencia.

Esta situación deja a los pequeños productores en clara desventaja. "Nos dejan sin almendros para reponer, y los que encontramos tienen precios prohibitivos", añade David.

El riesgo de un modelo insostenible

ARAGA advierte del peligro de desaparición progresiva de las pequeñas explotaciones en Aragón si no se toman medidas urgentes. “El futuro es muy incierto”, subraya Mairal. La expansión de plantaciones intensivas por parte de grandes fondos de inversión, muchas veces ligadas a estrategias de compensación de huella de carbono, está transformando el mapa del cultivo sin un retorno claro para el territorio ni para el agricultor tradicional.

Además, el exceso de burocracia y las limitaciones legales dificultan la venta directa al consumidor, una de las pocas alternativas que podrían mejorar la rentabilidad del producto local.

Desde la asociación reclaman un mayor apoyo público y técnico para profesionalizar el sector y asegurar su viabilidad. Inversión en programas de abonado, mejoras fitosanitarias y formación especializada son algunas de las claves que, según ARAGA, pueden marcar la diferencia entre la continuidad o el abandono.

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