No tenía casi de nada hasta que abrió en estrella Michelin: una aldea en Aragón

Los reconocimientos gastronómicos han puesto el foco en propuestas rurales
Anciles. / Turismo de Aragón
Anciles. / Turismo de Aragón

La alta cocina ya no es patrimonio exclusivo de las grandes ciudades ni de los entornos urbanos de lujo. En los últimos años, los reconocimientos gastronómicos más prestigiosos, como las estrellas Michelin, han comenzado a poner el foco en propuestas que nacen en rincones rurales y pueblos de montaña. Esta tendencia no solo transforma el panorama culinario nacional, sino que también contribuye a revitalizar zonas poco habitadas, atrayendo turismo de calidad y generando nuevas oportunidades económicas en territorios históricamente olvidados. Aragón, con su riqueza paisajística y cultural, es un claro ejemplo de ello.

Uno de los casos más recientes y significativos se encuentra en Anciles, una pequeña localidad del Pirineo oscense que ha cobrado protagonismo gracias a la excelencia culinaria del restaurante Ansils. Situado a tan solo dos kilómetros de Benasque, en pleno Valle de Benasque, este núcleo de apenas 130 habitantes ha logrado posicionarse en el mapa gastronómico nacional tras la concesión de una estrella Michelin al mencionado establecimiento.

Ansils no es solo un restaurante con reconocimiento internacional; es también un símbolo del arraigo, la tradición y la innovación que pueden coexistir en un entorno rural. Fundado en 1984 por Pilarín Ferrer como una sencilla casa de comidas, el restaurante ha evolucionado sin perder su esencia. En la actualidad, el legado familiar continúa bajo la dirección de sus nietos Iris y Bruno Jordán, quienes han sabido reinterpretar la cocina local con una mirada contemporánea. Su propuesta se basa en productos de cercanía, con especial atención a ingredientes autóctonos como la caza o las aves, y técnicas que rescatan sabores y recetas casi olvidadas.

Uno de los platos más destacados del restaurante Ansils es el “donete de paloma en escabeche de abeto”, que fue premiado como la Mejor Tapa de España en el evento Madrid Fusión 2024. Además, la chef Iris Jordán recibió el tercer premio en la categoría de Mejor Cocinero Revelación, lo que refuerza el papel del restaurante como referente dentro del panorama gastronómico nacional.

Pero Anciles ofrece mucho más que una experiencia culinaria de alto nivel. El pueblo, conocido como “Ansils” en patués, conserva un patrimonio arquitectónico notable, con casonas del siglo XVI y XVII como Casa Barrau o Casa Suprián, que se mantienen en excelente estado. Su iglesia parroquial, dedicada a San Pedro Apóstol, y sus calles empedradas invitan al paseo y al descubrimiento del entorno. El acceso al municipio puede hacerse a pie desde Benasque, por un camino paralelo al río Ésera, o en coche a través de la estrecha carretera del Paseo de Anciles.

El entorno natural de Anciles es otro de sus grandes atractivos. Situado a 1.200 metros de altitud, ofrece rutas de senderismo aptas para todos los niveles. Desde el pueblo se puede acceder a parajes como Eriste o incluso llegar a la estación de esquí de Cerler. Durante el verano, ciclistas y senderistas pueblan los caminos, mientras que en invierno, la nieve convierte la zona en un destino perfecto para quienes buscan combinar deporte y descanso.

La obtención de la estrella Michelin no solo reconoce el talento de un equipo joven y comprometido, sino que también contribuye a visibilizar la riqueza cultural, patrimonial y natural de los pequeños pueblos del Pirineo aragonés. Anciles es hoy un ejemplo de cómo la gastronomía puede convertirse en motor de desarrollo rural, atrayendo visitantes sin alterar la esencia de un lugar que respira historia, naturaleza y autenticidad.

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