La abogada zaragozana que se implica y se rige por cuatro reglas básicas para hacer bien su trabajo
Nada más entrar en su despacho de abogados, y tras saludarme con la cortesía de un anfitrión, me dice que espere y avisa a su padre, José Luis Melguizo, todo un referente en el mundo de la abogacía en Aragón y en la vida de nuestra entrevistada.
El padre es como la hija, poco dado a los focos y a las entrevistas. Está ocupado y tras un rápido saludo, nos despide dando protagonismo a Claudia. El despacho de esta joven abogada esta pared con pared con el de su padre. A sus 32 años y con siete ejerciendo, sabe llevar su apellido y se a adaptado al entorno penalista sin olvidar quien sigue siendo su principal referente.
"Recuerdo cuando empecé la carrera de derecho en la Universidad Pública de Zaragoza y muchos días iba a ver los juicios de mi padre. “En un principio no quería que siguiera sus pasos, pero yo siempre le he admirado mucho, y le admiro", nos dice al poco de iniciar esta entrevista.
Y es que su progenitor le animaba a que opositara. "Vete con una jueza y oposita, me decía... Era consciente de lo duro que es esto en ocasiones y las horas que tienes que meter para salir adelante", dice Claudia Melguizo.
Aunque también asegura que, sin estar colegiada, le dijo que le hiciese un recurso de un asesinato. "Lo que propuse le gustó y me lo pidió. Nunca te daba todo hecho, y siempre me decía que tenía que buscarme la vida; eso me ha ayudado mucho", reconoce.
Ella lo tenía claro; desde pequeña en su casa se ha vivido mucho el derecho penal y una prueba de ello son algunos recuerdos que tiene de su niñez. "Recuerdo a mi padre entrando en casa y yendo a su despacho con muchos papeles. Siempre se llevaba trabajo a casa, como yo. La nuestra es una profesión ingrata en ocasiones y desagradecida, aunque ahora quizá, en este momento, te diría otra cosa", se sincera.
Y es que Claudia se define como una apasionada de su trabajo, una joven abogada a la que le gusta ponerse la toga y exponer su defensa o acusación en una sala de vistas. "Para mi no es un trabajo, es mi vida, y las personas a las que representó son mucho más que un expediente judicial", añade esta abogada zaragozana.
Confiesa a HOY ARAGÓN que le gusta empatizar con sus clientes, que le cuenten sus vidas y por qué han llegado a esa situación. "No se trabajar de otra manera; si no te importa no tiene sentido que te dediques al derecho penal. Y muchas veces no depende de ti, pero hay que dedicar tiempo e implicarse", explica Melguizo.
Por eso para ella no hay domingos, ni lunes, ya que su amor a la profesión que le inculcó su padre hace de esta mujer una trabajadora incansable que nunca deja de trabajar. Ahora su vida acaba de cambiar y siente algo de vértigo. "Acabo de ser madre de una niña preciosa, Jimena. Claro, todo esto me da miedo, pero tengo el apoyo incondicional de mi pareja, que participa conmigo de mi día a día e incluso me da consejos. Es una suerte tener al lado alguien así", añade una Claudia reflexiva y sincera.
Las cuatro reglas de Claudia
La familia, el deporte, los amigos, intenta compaginarlo todo con un trabajo que es protagonista hasta en las comidas familiares. "Imagínate, mi padre y yo juntos... Aburrimos en las comidas porque muchos asuntos los llevamos a medias y los comentamos", cuenta Claudia sonriendo y asintiendo con la cabeza.
Le preguntamos por su relación con los medios de comunicación, aunque ya intuimos que esto también lo ha heredado de su padre. "Me gusta hablar en sala, y no en los medios. La privacidad es importante y además, no me siento cómoda delante de una cámara", cuenta y recuerda un caso en el que, irremediablemente, estuvo en el ojo del huracán. "El asunto del pene seccionado... Yo entiendo que lo tenía todo para ser un asunto muy mediatizado...En fin, y salimos adelante", reflexiona Melguizo.
En todos esos ratos que pasó y sigue pasando con su padre, Claudia tiene grabadas frases que se han convertido en referentes para su día a día. "Respetar al compañero. Hay que tener formalidad y no pisar a nadie", comenta. La humildad y la elegancia también son sus señas de identidad, así como una frase que siempre dice a sus clientes cuando les conoce: "Yo propongo, y tu dispones".
De todos los asuntos que ha llevado nos cuenta uno, el de un caso de agresión sexual en el que el acusado al que defendía salió absuelto. "Mi mayor satisfacción es que un cliente salga contento conmigo. Te lo agradecen y es lo mejor que puede pasar", dice Melguizo.
Y eso que también asegura que si hay casos que se le hacen más cuesta arriba son los relacionados con la libertad sexual. Eso no quita para que nos cuente que uno de los casos que le proporcionaron una gran satisfacción fue uno de agresión sexual. "Le pedían seis años y lo absolvieron en el recurso. Me siento orgullosa de eso a nivel profesional", añade.
Respeto, empatía, humildad e implicación en lo que haces. Son las cuatro reglas que rigen la vida laboral y personal de Claudia. Con ellas sigue adelante, sin casi descanso, pero cuenta con el apoyo de los suyos y con una nueva ilusión que acaba de cumplir cinco meses. Ahora su hermana quiere seguir con su estela y la de su padre y ella le intenta aconsejar. "le digo que si está dispuesta sacrificar su vida, que siga adelante…Hay que dedicarle mucho tiempo a esto, ver muchos juicios cuando empiezas y aprender lo mejor de cada compañero", sentencia Melguizo, en una mesa rodeada de papeles, como la de su padre.

