La iglesia más perfecta del románico está en Aragón: en este pueblo de 100 vecinos

Situado en la comarca de Jacetania, muy cerca del Real Monasterio de San Juan de la Peña
Vistas desde el pueblo. / Turismo de Aragón
Vistas desde el pueblo. / Turismo de Aragón

El arte románico, nacido en Europa durante los siglos XI y XII, dejó en la península ibérica un legado arquitectónico de gran valor. Aragón, por su situación estratégica entre los reinos cristianos del norte y los caminos de peregrinación hacia Santiago de Compostela, recoge un importante legado de este estilo. 

Se trata de la iglesia de San Caprasio, ubicada en Santa Cruz de la Serós, un pequeño pueblo oscense de apenas un centenar de habitantes. Situado en la comarca de Jacetania, muy cerca del Real Monasterio de San Juan de la Peña y de la catedral de Jaca, este lugar alberga una joya del siglo XI que ha resistido el paso del tiempo.

Construida entre 1020 y 1030 bajo el reinado de Sancho III el Mayor, San Caprasio refleja con una fidelidad extraordinaria los cánones del románico lombardo. Los historiadores coinciden en que su edificación estuvo a cargo de los magistri comacini, maestros constructores procedentes de la actual región italiana de Lombardía, que cruzaron los Alpes con nuevas técnicas y una visión geométrica de la arquitectura que influiría en toda la zona pirenaica.

Pese a sus modestas dimensiones, apenas 72 metros cuadrados, la iglesia sorprende por su perfección formal. Los muros de sillería, el uso de arquillos ciegos en la fachada sur, las bóvedas de arista y la sobriedad de su portada occidental componen un conjunto que destila coherencia y belleza. El templo, de una sola nave y ábside semicircular, se ha conservado en un estado excepcional gracias, en parte, a una restauración rigurosa llevada a cabo en la década de 1960 que eliminó añadidos posteriores y respetó su diseño original.

La torre campanario fue añadida en el siglo XII. Según la tradición oral, desde esta torre las monjas del cercano monasterio de Santa María vigilaban el valle. 

A diferencia de otras construcciones románicas más monumentales, como la catedral de Jaca o el monasterio de Veruela, San Caprasio ofrece una experiencia más íntima y reflexiva. Su sobriedad no implica falta de calidad; al contrario, subraya su esencia y pureza formal. Es, como afirman algunos especialistas, una maqueta a escala real del románico más genuino.

Santa Cruz de la Serós, que adoptó su nombre actual en 1920 (anteriormente conocido solo como Santa Cruz), es hoy un destino imprescindible para quienes quieren conocer más sobre los orígenes del románico peninsular. Visitar San Caprasio no es solo contemplar una iglesia, es también acercarse a la raíz misma de un estilo que transformó el paisaje y el pensamiento medieval europeo.

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