"Con la Inteligencia Artificial estamos viviendo un momento equivalente al origen de la escritura"
Los mitos, los riesgos y las oportunidades reales de la inteligencia artificial desde una mirada ética, empresarial y filosófica. Esta es la visión de Maru Díaz, actual CEO de Stonne Ntu-Innovatech y exconsejera de Ciencia del Gobierno de Aragón, en una entrevista con HOY ARAGÓN.
PREGUNTA. Se ha escrito mucho sobre inteligencia artificial. ¿Cuál es, en su opinión, la idea más equivocada que tenemos sobre ella?
RESPUESTA. Que no va a transformar tanto nuestras vidas. Hay una percepción muy extendida —fuera de los entornos tecnológicos— de que la IA no es para tanto, que aún es torpe, lenta o poco útil. Se piensa que es algo del futuro, cuando en realidad ya está aquí. No se la está tomando suficientemente en serio, y eso es probablemente el mayor error, especialmente en nuestro país.
P. Elon Musk dijo que la IA puede ser más destructiva que las armas nucleares. ¿Está de acuerdo?
R. Es que la IA puede hacer las dos cosas: ayudarnos a curar el cáncer o llevarnos al colapso. Y eso lo están señalando los propios líderes tecnológicos como Musk o Jensen Huang (CEO de Nvidia). Estamos ante una herramienta de una potencia sin precedentes. La conciencia de ese poder es lo que está empezando a preocupar, con razón.
P. Stephen Hawking advertía que el desarrollo total de la IA podría significar el fin de la humanidad. ¿Debemos creerle?
R. No hay que caer en el catastrofismo, pero sí ser conscientes del cambio histórico que estamos viviendo. No todo lo que cambia a la humanidad tiene que ser necesariamente negativo. Un autor que me gusta decía: “nos hemos gobernado entre humanos y tampoco nos ha ido tan bien; quizás probar algo nuevo no sea tan malo”. Ahora, hablando en serio, lo que quiero decir es que la tecnología siempre ha alterado la condición humana. Estamos viendo un momento equivalente al origen de la escritura.
P. ¿Estamos preparados como raza para este cambio?
R. No del todo. La IA generativa y la futura IA general van a redefinir nuestras relaciones, nuestros sistemas de conocimiento, la política, incluso lo afectivo. Imagínese una IA que encuentra la cura del cáncer y ningún ser humano es capaz de explicar cómo lo ha hecho. Esto va a ocurrir. Y por eso necesitamos introducir valores y principios morales en los algoritmos. Europa debe liderar esa IA ética. Si lo hacemos bien, puede ser transformador para bien.
P. Como filósofa convertida en directiva tecnológica, ¿cree que la ética es más importante que nunca?
R. Nunca imaginé, como filósofa, vivir un momento tan apasionante. La ética va a definir qué significa ser humano. Nos creíamos únicos por pensar o por crear relatos. Ahora debemos preguntarnos: ¿seguimos siéndolo? Y debemos incorporar esa reflexión al diseño de la IA. Si no lo hacemos nosotros, otros lo harán sin esos filtros éticos. En un mundo global, donde potencias como China están desarrollando su propia IA sin esas barreras morales, es vital marcar una diferencia desde los valores.
P. Europa ha optado por regular la IA antes que desarrollarla. ¿Está de acuerdo con esa estrategia?
R. No podemos regular lo que otros ya han creado sin nosotros. Europa debe desarrollar y demostrar que una IA construida desde los valores occidentales puede ser también competitiva. Regular sin capacidad de acción propia es estéril. Lo celebré cuando Macron anunció su inversión en IA y más aún cuando la UE se subió al carro con fondos propios. Pero ahora toca ejecutar. Porque si ya tenemos un problema de productividad en Europa, lo vamos a tener más si sólo nos dedicamos a regular.
P. ¿La IA es también una oportunidad para los pequeños negocios?
R. Totalmente. Te pongo un ejemplo real: un comerciante no sabía si abrir por las tardes en julio y agosto. Le ayudamos a crear un modelo propio basado en GPT, introduciendo sus datos de facturación, consumo eléctrico, personal… En segundos, la IA le recomendó los días menos rentables. Cerró en esas fechas y optimizó sus costes sin perder ingresos. Ese tipo de decisiones, que antes requerían horas de análisis, ahora están al alcance de cualquiera.
P. ¿Qué se necesita para hacer ciudades o empresas más inteligentes? ¿Inversión pública o más cultura tecnológica?
R. Ambas. Pero sobre todo hacen falta mediadores tecnológicos. Muchos fondos de digitalización no han funcionado porque las pequeñas empresas no saben por dónde empezar. Hay una jungla de herramientas y no podemos lanzar a los comercios a buscar qué IA les conviene. Necesitamos empresas o entidades que traduzcan esa tecnología, que hagan de puente entre el desarrollo y la realidad cotidiana. En Stonne nos dedicamos precisamente a eso.
P. Después de su paso por la política, ¿ve más inteligencia en la IA que en algunos sectores del sistema político?
R. (Ríe). La política tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, pero también es víctima de una sociedad muy polarizada. Las nuevas tecnologías han intensificado esa fragmentación. Lo estamos viendo en redes, en debates, en la desinformación. Y aunque se critique mucho a los políticos, en realidad es un reflejo de lo que ocurre en toda la sociedad.
P. En un mundo cada vez más polarizado y tecnológico, ¿queda espacio para el optimismo?
R. Yo soy una persona vitalmente optimista. Creo profundamente en la capacidad de la humanidad para salir adelante y en dar lo mejor de sí misma. Estamos viviendo momentos complejos y de cambios convulsos, pero como siempre, eso precede a nuevas etapas. La historia está llena de periodos turbulentos que dieron lugar a momentos brillantes. Y confío en que sepamos usar la tecnología para el bien común. De lo contrario, ni yo estaría hoy en este camino.
P. ¿Cuánto ayuda conocer el mundo empresarial para gestionar mejor lo público?
R. Muchísimo. Y debería ser bidireccional. Quien administra lo público debe saber lo difícil que es sacar adelante un negocio, y quienes están en la empresa deberían comprender lo compleja que es la gestión de lo común. Son dos mundos que se hablan poco. Es mucho más productivo y se entienden mejor muchas cosas cuando se ha caminado en los dos sitios.