Investigadores del CITA estudian controlar las malas hierbas con papel reciclado

El hidroacolchado consiste en una mezcla de papel reciclado, agua, yeso y un resto vegetal triturado o molido que se aplica como una pasta bajo los árboles.
Imagen de uno de los ensayos del CITA
Imagen de uno de los ensayos del CITA

Investigadores del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) están realizando ensayos con hidroacolchados, una mezcla que contiene papel reciclado, con el objetivo de encontrar un método que ayude a controlar las malas hierbas en los primeros años de establecimiento de un cultivo leñoso como alternativa al uso de control mecánico o con herbicidas.

El hidroacolchado consiste en una mezcla de papel reciclado, agua, yeso y un resto vegetal triturado o molido que se aplica como una pasta bajo los árboles. Para ello, se están probando diferentes mezclas de hidroacolchado utilizando restos vegetales muy diversos: madera de poda (viña, olivo, de jardines, almendro, etc.), restos tras la destilación de plantas aromáticas (lavanda, romero, orégano, salvia), alperujo, paja (trigo, centeno), etc. Primero se evalúa la dureza de los hidroacolchados que contienen estos materiales (con una punción en laboratorio) y después, si resultan prometedores, se aplican en diferentes cultivos.

Unos trabajos que se enmarcan en el proyecto “Acolchados de aplicación líquida en cultivos leñosos, hortícolas y entornos urbanos para el control de malas hierbas que contribuyan a la bioeconomía circular en Aragón” (HMulchCircle) que comenzó en septiembre de 2021 y finalizará en marzo de 2025.

Este proyecto está financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades dentro de la convocatoria 2020 del Programa Estatal de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del Sistema de I+D+i y del Programa Estatal de I+D+i Orientada a los Retos de la Sociedad, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020.

Coordinado por Alicia Cirujeda y Gabriel Pardo, investigadores del Departamento de Sistemas Agrícolas, Forestales y Medio Ambiente, en el equipo de investigación también participan Sergio Sánchez y Juliana Navarro, investigadores del Departamento de Ciencia Vegetal, así como investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, del Instituto Murciano de Investigación de Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA) y de la Universitat de Lleida.

“Hemos encontrado que muchos restos vegetales diferentes dan un hidroacolchado con resultados similares en cuanto a dureza, duración y efecto sobre las malas hierbas. Así que creemos que se pueden aprovechar multitud de restos”, explica la investigadora Alicia Cirujeda.

Con este método “estamos consiguiendo un buen control de las especies de malas hierbas anuales y moderado de especies perennes como la grama, la juncia, etc. durante más de un año. En algunos ensayos dura más, en otros menos. Depende, sobre todo, de la precipitación: cuanto más llueve, antes se degrada”, indica Cirujeda.

Los hidroacolchados evitan tener que realizar un control mecánico o aplicar herbicidas en los primeros años de implantación de los cultivos, si bien puede ser necesario hacer alguna intervención como una siega. También se produce cierto ahorro de agua. Además, los hidroacolchados amortiguan las temperaturas del suelo, ya que aumentan las mínimas y disminuyen las máximas y facilitan la implantación de los cultivos. Se trata de un tema muy novedoso, del que todavía no existen estudios similares en España aparte de los generados con este proyecto.

“El hidroacolchado está indicado para plantaciones de cultivos leñosos muy variados: almendros, olivos, viñas, etc. siempre y cuando sean en secano o en regadío por goteo con las tuberías enterradas. Si el acolchado se humedece muchas veces, deja de ser útil. En cultivos de plantas aromáticas los materiales fueron cubiertos por el propio cultivo tras varios meses. En esos casos, es posible usar mezclas menos duraderas, ya que no hace falta que aguanten tanto tiempo porque el cultivo ya compite pronto contra las malas hierbas”, añade el investigador Gabriel Pardo.