Ni Suiza ni Alemania: lagos perfectos y cristalinos en un valle del Pirineo
Si por algo se caracteriza el Pirineo es por su amplia variedad de opciones tanto en inverno como en verano. Con siete valles que lo recorren de este a oeste, descubrir en el Pirineo aragonés un rincón que parece sacado de una postal es una tarea sencilla. Allí, enclavado entre cumbres majestuosas y bosques infinitos, se encuentra el valle de Bujaruelo, un lugar que sorprende por la pureza de su entorno y la calma que transmite cada rincón.
Este valle se encuentra dentro del término municipal de Torla-Ordesa, en la provincia de Huesca, y se integra en la Zona Periférica de Protección del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Con una extensión que supera los 20 kilómetros, este enclave natural combina el poder de la montaña con la delicadeza de los ibones, esos lagos de alta montaña de origen glaciar que parecen espejos del cielo.
Frondosos bosques de pino negro, saltos de agua escondidos entre la vegetación, y más de una veintena de picos que rebasan los 3.000 metros de altitud convierten a Bujaruelo en un escenario perfecto tanto para senderistas experimentados como para quienes buscan desconectar con rutas más suaves. Todo ello aderezado con una fauna singular, donde es posible cruzarse con marmotas, tritones pirenaicos, ardillas o aves tan espectaculares como el quebrantahuesos.
UNA JOYA NATURAL AL ALCANCE DE TODOS
Una de las mejores formas de conectar con este paraíso es a través de sus rutas de senderismo. Hay recorridos para todos los niveles, desde caminatas breves hasta travesías exigentes que culminan en lugares de ensueño.
Ruta ornitológica de San Nicolás de Bujaruelo
Una propuesta muy accesible y perfecta para familias es la ruta ornitológica de San Nicolás de Bujaruelo. Este sendero circular de apenas 3,5 km parte del aparcamiento junto al refugio del mismo nombre y permite conocer el valle desde otra perspectiva: la de sus aves. Desde el mirlo acuático hasta el colorido piquituerto, sin olvidar la posibilidad de avistar al mítico quebrantahuesos, esta experiencia es un regalo para quienes disfrutan del avistamiento de fauna.
El camino bordea el río Ara, atraviesa praderas y cruza antiguos puentes medievales como el de San Nicolás, regalando al visitante rincones mágicos con apenas esfuerzo físico.
Ruta del Valle de Otal
Para quienes buscan algo más de recorrido, la ruta hacia el valle de Otal es una opción ideal. De unos 14 km ida y vuelta, esta senda discurre por un antiguo valle glaciar que impresiona por su amplitud. Allí, las laderas se abren para mostrar cumbres como Peña Otal o Tendeñera, mientras el suave discurrir del río Otal guía los pasos del caminante.
Es un itinerario sin grandes complicaciones técnicas, pero que ofrece todo lo que uno espera de una escapada al Pirineo: paisajes abiertos, vida silvestre, cascadas escondidas y la sensación de estar en un lugar intacto.
EL IBÓN DE BERNATUARA: PARA LOS MÁS AVENTUREROS
Se trata de un recorrido de mayor exigencia física, con un desnivel de más de 1.000 metros y unos 12 km en total, pero el destino final bien merece cada paso. El lago, situado a 2.330 metros de altitud, se encuentra rodeado de una atmósfera que invita al silencio. Rodeado por montañas y apenas alterado por la presencia humana, es uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse.
La ruta comienza en el mismo punto de partida que las anteriores, el parking de Bujaruelo, y requiere tomar el sendero GR-18 hacia el puerto del mismo nombre. A medio camino, un cruce poco señalizado da paso al desvío hacia el ibón, al que se llega tras superar un antiguo puente en ruinas y seguir los mojones de piedra que marcan el camino.
En primavera y verano, las condiciones suelen ser óptimas, aunque siempre conviene consultar la previsión meteorológica antes de partir.

