Marta Abengochea será la nueva cara de Izquierda Unida Aragón: "Es una candidatura de combate de otro Aragón posible"
Izquierda Unida Aragón encara relevo interno. Marta Abengochea encabezará la lista que se someterá a votación para dirigir la formación los próximos cuatro años, después de que Álvaro Sanz anunciara el pasado 18 de octubre que no optará a la reelección como coordinador general.
El plazo de candidaturas se cierra este domingo 26 de octubre y, a falta de movimientos de última hora, únicamente se ha registrado una lista: la suya. El equipo que lidera combina miembros de la actual dirección con nuevas incorporaciones y será sometido a aprobación definitiva en la XIV Asamblea de IU Aragón, prevista para el 29 de noviembre.
La apuesta de Abengochea se presenta como una candidatura “rotunda y coherente frente al fascismo, los discursos del odio y los recortes de derechos”. Ese es el marco político que la ya candidata plantea para una organización que quiere mantener su identidad, pero también abrirse más allá de sus propias siglas.
Abengochea ha defendido que su modelo de liderazgo no será personalista. “Izquierda Unida es una organización con vocación de consenso y mi coordinación será un liderazgo compartido”, afirmó en la presentación. El mensaje es claro: la nueva dirección quiere subrayar tanto la continuidad orgánica como la pluralidad interna en un momento en el que la izquierda aragonesa vive un ciclo de fragmentación electoral, tensiones discursivas y necesidad de recomposición.
Feminización real y reparto de poder interno
Uno de los ejes más subrayados por la candidata es la feminización del proyecto. Abengochea ha mostrado “especial satisfacción” por el peso de las mujeres en la lista, en particular por la participación de Marga Deyá, actual responsable de Políticas Sociales y Feminismo, que continuará con un papel relevante en la futura dirección.
Deyá, que acompañó a Abengochea en la rueda de prensa, definió la propuesta como “una candidatura unitaria, fruto de la cohesión interna y del trabajo dinámico, colectivo y participativo que la organización ha desarrollado durante todo este ciclo”. Y añadió un mensaje político de calado: “Queremos que más personas se incorporen no solo para confrontar la ola reaccionaria que enfrentamos, sino también para construir alianzas con otras organizaciones hermanas y con colectivos con los que compartimos diagnóstico”.
Su planteamiento va más allá de la aritmética orgánica o de la cuota de nombres. “Esta candidatura se caracteriza por un fuerte protagonismo de mujeres feministas porque creemos firmemente en la construcción de un poder popular con enfoque de género”, explicó Deyá. Un enfoque que, según dijo, no es decorativo: “Es esencial para generar espacios amplios, plurales y horizontales, donde todas podamos participar mejor y con mayor libertad”.
Abengochea, por su parte, quiso dejar claro que el valor de su lista no es únicamente el hecho de que esté liderada por mujeres, sino su solvencia. “El valor no es el género, son los talentos y capacidades”, subrayó. Al mismo tiempo, lamentó que en España —y, en realidad, en casi todo el mundo— cada mujer que accede a un puesto de primera línea sigue siendo vista como una excepción histórica. Citó a la escritora Almudena Grandes para recordar la “maldición de las mujeres pioneras”: cada vez que una mujer llega, es la primera en hacerlo.
“Una candidatura de combate”
El tono político de Abengochea fue inequívoco: “Ésta es una candidatura de combate y de salir a la ofensiva frente al riesgo de involución en derechos”. La futura dirección de IU Aragón no quiere quedarse en el terreno defensivo ante el avance de discursos reaccionarios —así lo definieron ambas—, sino plantear un proyecto propio, “propositivo y de construcción de otro Aragón posible y digno”.
Ese “otro Aragón” se ancla, según explicó, en dos grandes ejes: la lucha por los derechos sociales y la defensa del territorio frente a proyectos que consideran especulativos o lesivos ambientalmente.
Abengochea reivindicó el papel de los movimientos ciudadanos recientes como prueba de que hay músculo social en Aragón y capacidad de frenar proyectos que se perciben como ajenos al interés colectivo.


