La nota que le ponen los sindicatos de Educación a Pilar Alegría como ministra

Tras cuatro años y medio al frente del departamento, sindicatos, asociaciones de docentes, familias y patronales educativas han reaccionado a su marcha.

La despedida no ha sido un aplauso cerrado. La salida de Pilar Alegría del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes para encabezar la candidatura del PSOE en Aragón deja tras de sí un balance irregular y lleno de reproches por parte de la comunidad educativa, que reconoce avances puntuales pero coincide en una idea central: se va con demasiadas tareas pendientes.

Tras cuatro años y medio al frente del departamento, sindicatos, asociaciones de docentes, familias y patronales educativas han reaccionado a su marcha con una mezcla de decepción, cansancio y expectativas frustradas, especialmente en lo que respecta a la prometida “legislatura del profesorado”, que nunca llegó a materializarse.

Un aprobado que no llega

Desde CCOO, el diagnóstico ha sido directo y simbólico. Su secretaria general de Enseñanza, Teresa Esperabé, ha recurrido al lenguaje del aula para resumir la gestión de Alegría: “No llega al suficiente”. A su juicio, la ministra abandona el cargo sin culminar el anteproyecto de ley del profesorado y con una negociación del estatuto docente prácticamente estancada.

Esperabé también ha señalado una de las críticas más repetidas: la escasa interlocución con la comunidad educativa y una dedicación que, en su opinión, ha estado condicionada por su papel como portavoz del Gobierno.

Expectativas altas, avances cortos

Un tono similar ha mantenido UGT, que habla de una comunidad educativa que “se queda huérfana”. Su responsable de Educación, Beatriz García, ha admitido cierta predisposición al diálogo por parte de Alegría, pero ha lamentado que los avances hayan sido “efímeros” y que no se hayan revertido los recortes arrastrados desde 2012.

También CSIF coincide en el diagnóstico: reconoce como puntos positivos la reducción de ratios y de horas lectivas, pero denuncia una negociación casi inexistente y un balance final insuficiente. “No podemos darle la nota positiva que nos gustaría”, ha resumido su responsable educativo, Mario Gutiérrez.

Concertada y patronal: diálogo, pero sin acuerdos estructurales

Desde la enseñanza concertada, el tono ha sido aún más crítico. Escuelas Católicas ha denunciado la ausencia de espacios estables de diálogo y el incumplimiento de compromisos clave, como la creación de una comisión para estudiar el coste real del puesto escolar, prevista en la LOE.

La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), en cambio, reconoce una interlocución correcta, aunque su presidente, Alfonso Aguiló, ha puesto el acento en un problema de fondo: la falta de mayorías estables y grandes acuerdos que saquen a la educación del vaivén político.

La FP, el principal legado

En el apartado de luces, hay un consenso claro: la ley de Formación Profesional. Directores de centros y estudiantes coinciden en señalarla como el principal legado de Alegría. El presidente de FEDADi, Toni González, destaca que la norma ha acercado la FP a la realidad empresarial, mientras que desde CANAE se subraya el avance en el reconocimiento social de estos estudios.

Sin embargo, el Sindicato de Estudiantes discrepa de ese balance positivo. Su secretaria general, Coral Latorre, denuncia que persisten tasas elevadas, ratios altas, infraestructuras deterioradas y falta de inversión, lo que, a su juicio, desmiente el optimismo del relato oficial.

Una exigencia para el relevo: dedicación exclusiva

Más allá del balance concreto, la salida de Alegría ha reabierto un debate de fondo: el doble papel de ministro y portavoz del Gobierno. Familias, sindicatos y docentes coinciden en reclamar que quien asuma el Ministerio de Educación lo haga con dedicación exclusiva.

La presidenta de COFAPA, Begoña Ladrón de Guevara, ha sido clara: “Priorizar la educación significa que el ministro se dedique solo a educación”. Una reflexión que comparten CSIF y CCOO, que consideran que compaginar ambas funciones ha sido negativo para la gestión educativa.

Así, Pilar Alegría se marcha rumbo a la batalla electoral en Aragón dejando un Ministerio con avances reconocibles, pero también con promesas incumplidas y un profesorado que sigue esperando. La comunidad educativa, más que una despedida, lanza un mensaje al futuro: menos relato y más tiempo en las aulas.

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