El pueblo más frío, el más alto y el más pequeño de Aragón: ¿Cuál te sorprende más?
Aragón no deja de sorprender cuando se analizan sus extremos geográficos y climáticos. Entre los casi 730 municipios de la comunidad hay algunos que destacan por condiciones únicas: los que viven bajo cero gran parte del invierno, los que se asientan en las cumbres más altas o los que apenas reúnen a una docena de vecinos. Hoy repasamos cuáles son —según los datos más recientes del INE, la AEMET y el Instituto Geográfico Nacional— los pueblos más frío, alto y pequeño de Aragón.
El pueblo más frío de Aragón
Ubicado en la comarca del Jiloca, en Teruel, Fuentes Claras tiene el dudoso honor de haber registrado la temperatura más baja en una zona habitada de España. El 17 de diciembre de 1963, los termómetros marcaron –30 °C, una cifra que sigue vigente seis décadas después.
Situado a unos 912 metros sobre el nivel del mar y rodeado por amplias llanuras donde el aire se estanca en las noches invernales, Fuentes Claras se convierte en un auténtico congelador natural cuando llega el frío. Aunque en verano disfruta de días templados, los inviernos son duros: las heladas pueden empezar en octubre y prolongarse hasta abril.
El pueblo más alto de Aragón
En el corazón de la Sierra de Gúdar, también en Teruel, se encuentra Valdelinares, el municipio más alto de Aragón y su núcleo principal está situado a 1.695 metros de altitud.
En invierno, la nieve cubre sus tejados y las pistas de esquí atraen a cientos de visitantes. El paisaje alpino, las chimeneas humeantes y el silencio de las alturas hacen de Valdelinares un ejemplo de vida tranquila a más de 1.600 metros sobre el mar.
Pese a su pequeño tamaño, el pueblo presume de contar con una iglesia gótica, calles empedradas y un mirador natural.
El pueblo más pequeño de Aragón
El último de los tres récords pertenece también a Teruel. En la comarca Comunidad de Teruel se encuentra Almohaja, que según los datos oficiales del padrón de 2024 cuenta con apenas 12 habitantes. Hasta hace poco, ese título correspondía a Salcedillo, pero el último recuento del INE cambió la clasificación.
No hay tiendas ni bares, y la vida gira en torno a la plaza y la iglesia. Sus vecinos luchan por mantener viva la localidad, símbolo de la despoblación que afecta a buena parte del interior aragonés. Aunque pequeño, Almohaja encarna la resistencia de los pueblos que se niegan a desaparecer y que representan la esencia más pura del Aragón rural.