El tratado de paz más antiguo de Europa se firmó en Aragón: la historia del tributo de las Tres Vacas
Hay tradiciones que se pierden en el tiempo, y otras que sobreviven siglos. Una de ellas nació en Aragón hace 650 años, cuando el pequeño pueblo pirenaico de Ansó (Huesca) se convirtió en árbitro de una disputa fronteriza que enfrentaba a dos valles vecinos: el Valle de Roncal, en Navarra, y el Valle de Baretous, en el Bearne francés. El resultado de aquel arbitraje fue el llamado Tributo de las Tres Vacas, considerado el tratado de paz más antiguo de Europa aún en vigor.
Una paz firmada en el Pirineo aragonés
La historia se remonta al 16 de octubre de 1375, cuando los representantes de ambos valles, cansados de años de enfrentamientos por el uso de pastos y fuentes en la frontera pirenaica, acudieron a Ansó para resolver el conflicto. Allí, el alcalde Sancho García y seis vecinos de la localidad actuaron como mediadores, dictando una sentencia conocida como Pax Avant —"Paz en adelante"—.
El acuerdo fue tan singular como duradero: los habitantes de Baretous se comprometieron a entregar tres vacas iguales, del mismo pelaje, edad y cornamenta, cada 13 de julio a los roncaleses, en un acto simbólico de paz y reconciliación que se mantiene ininterrumpido desde entonces.
De vacas reales a valor simbólico
Hoy, siete siglos después, la ceremonia sigue celebrándose cada verano en la Piedra de San Martín, en el puerto fronterizo de Ernaz. Aunque ya no se entregan animales reales, los representantes del valle francés pagan el valor equivalente de las tres vacas, manteniendo viva la tradición.
El ritual incluye discursos, abrazos y la renovación solemne del juramento de paz. Las autoridades de ambos lados, ataviadas con sus trajes tradicionales, sellan así un pacto que ha sobrevivido a guerras, cambios de frontera y revoluciones.
Ansó, el origen aragonés del acuerdo
Este 2025, el atrio de la iglesia parroquial de San Pedro de Ansó ha vuelto a acoger la conmemoración del 650 aniversario del tratado. Durante el acto, representantes de Aragón, Navarra y Francia firmaron la propuesta para que el Tributo de las Tres Vacas sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
“Es un motivo de orgullo que nuestros antepasados supieran resolver sus diferencias con diálogo y respeto”, destacó la alcaldesa de Ansó, María Blanca Alfonso de la Riva, durante la ceremonia. El reconocimiento internacional, añadió, “dará visibilidad a todo el Pirineo aragonés y a su legado cultural”.
La jornada incluyó música antigua, exhibiciones de manejo de ganado y una recreación de la firma original de 1375, recordando el papel de Aragón como mediador histórico entre España y Francia.
Una tradición viva entre tres territorios
El tratado Pax Avant no solo resolvió un conflicto local; también se convirtió en un símbolo de convivencia transfronteriza. Cada año, representantes de Navarra, Aragón y Béarn (Francia) se reúnen para renovar el compromiso de paz.
El texto original regulaba incluso la delimitación de los pastos, la colocación de mojones fronterizos y la obligación de reunirse anualmente para revisar el cumplimiento del pacto. Siete siglos después, sigue vigente palabra por palabra.
Un legado de paz nacido en los Pirineos
Que una tradición así haya sobrevivido durante 650 años no es casualidad. En una época marcada por guerras y fronteras, el Tributo de las Tres Vacas representa un ejemplo único de diplomacia rural y respeto mutuo.
Cada julio, mientras suena el eco de las campanas en el puerto de Ernaz, los valles del Roncal y de Baretous recuerdan que la paz puede durar más que los conflictos. Y todo empezó en un pequeño pueblo del Pirineo aragonés.
El Tributo de las Tres Vacas se considera el acuerdo internacional más antiguo del continente aún en vigor, anterior incluso al Tratado de los Pirineos (1659). Una historia que demuestra que, en ocasiones, los pueblos saben mantener la paz mejor que los reyes.

