Cuando el último en salir de Filipinas fue un hombre de Teruel: la historia de Marcos Mateo

El 14.º Batallón expedicionario partió desde Zaragoza hacia Filipinas en 1896, mientras jóvenes aragoneses también combatían en Cuba. La historia del turolense Marcos Mateo Conesa, superviviente del Sitio de Baler, simboliza la resistencia española en ultramar.

A finales del siglo XIX, Aragón estuvo directamente implicado en las últimas guerras coloniales de España. El 6 de septiembre de 1896, desde Zaragoza debía salir rumbo a Filipinas el 14.º Batallón expedicionario, compuesto por 1.400 hombres. Entre ellos marchaban oficiales como el capitán José Manau y el médico provisional Francisco Espallargas, figuras conocidas en la ciudad. Para muchos vecinos, la partida fue un acontecimiento cargado de sentimientos encontrados: orgullo por el deber cumplido y tristeza por la incertidumbre de un conflicto que se libraba a miles de kilómetros.

La sombra de Cuba

El eco de la guerra llegaba también desde Cuba. Apenas un año antes, un joven soldado procedente de Barós regresaba a su tierra enfermo de disentería tras combatir en la isla. La recién creada Cruz Roja de Jaca lo atendió con los cuidados médicos necesarios, convirtiéndose en uno de los primeros beneficiarios de esta institución humanitaria en Aragón.

Mientras tanto, la prensa recogía también las noticias de oficiales heridos. Tal fue el caso del teniente Francisco Gómez, hijo de un alto cargo del Estado Mayor residente en Zaragoza, que resultó herido en combate en la isla caribeña. La consternación inicial dio paso al alivio cuando llegaron noticias de su mejoría.

El sitio de Baler, la última resistencia

Pero si hay un episodio que marcó la memoria colectiva fue el protagonizado por los conocidos como “héroes de Baler”, en Filipinas. A finales de 1898, tras la derrota española en la guerra hispano-estadounidense, un destacamento de 50 soldados españoles se atrincheró en la iglesia de la localidad filipina de Baler, en la isla de Luzón. Sin recibir noticias oficiales de la rendición, resistieron casi un año de asedio, hasta junio de 1899, frente a las fuerzas filipinas que intentaban tomar la posición.

 

Entre ellos se encontraba un aragonés: Marcos Mateo Conesa, nacido en 1876 en el municipio turolense de Tronchón. Reclutado por sorteo, fue destinado a Filipinas y acabó siendo uno de los protagonistas de aquella gesta. Según destaca Enrique Rontomé, el turolense Mateo fue de los que mostró mayor resistencia física y participó en varias salidas defensivas durante el sitio.

De los 50 soldados, sobrevivieron 33, entre ellos el joven turolense, que regresó a su pueblo convertido en un héroe silencioso. Allí trabajó como sombrerero y en el campo hasta su muerte en 1923, dejando atrás una vida marcada por la dureza de una guerra que puso a prueba la resistencia y el espíritu de todo un destacamento. Fue, como detallan las crónicas de entonces, el último de Filipinas.

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