¿Habrá visita papal a Zaragoza? Chueca y Azcón lanzan una invitación formal a León XIV
La carta salió el 2 de enero, justo el día en que Zaragoza conmemora la Venida de la Virgen. No fue un gesto casual ni una fecha elegida al azar: el mensaje pretendía viajar con el simbolismo ya incorporado. En ese sobre —dirigido al arzobispo de Zaragoza, Carlos Manuel Escribano Subías— iban dos firmas y una idea: que el próximo viaje del papa León XIV a España incluya una parada en la capital aragonesa.
La iniciativa la han impulsado la alcaldesa Natalia Chueca y el presidente de Aragón, Jorge Azcón, que han pedido al arzobispo que haga llegar la invitación a Robert Francis Prevost, nombre secular del pontífice. Zaragoza quiere entrar en la agenda vaticana y no solo por devoción, sino por calendario.
La clave: 2040 y el “bimilenario” que Zaragoza quiere preparar desde ya
El argumento central de la carta mira a largo plazo: el Bimilenario de la Venida de la Virgen del Pilar, previsto para 2040. Para el Ayuntamiento y el Gobierno autonómico, esa conmemoración es más que una efeméride religiosa: es una oportunidad cultural, turística y de proyección internacional. La alcaldesa habla de “firme compromiso” municipal con una celebración que —en su relato— situaría a Zaragoza como “capital espiritual” durante esos actos.
La invitación incluye, además, una petición añadida: una audiencia en el Vaticano para trasladar personalmente al Papa el respeto institucional y solicitar su “bendición” para la ciudad en el camino hacia 2040. En términos políticos, la jugada es doble: intentar la visita y, si no llega, al menos abrir un canal directo con Roma.
Quince años sin Papa en España… y un junio en el horizonte
La carta llega en un momento especialmente sensible para la Iglesia en España: han pasado 15 años desde la última visita papal al país y en Roma se están moviendo piezas para un posible viaje. Varios medios nacionales informaron de que el Papa baraja una visita a España en junio de 2026, y que la Conferencia Episcopal preparará el terreno en una reunión prevista para el 9 de enero con el secretario de Estado del Vaticano. No hay confirmación oficial cerrada, pero sí un calendario de trabajo que indica que el asunto está encima de la mesa.
Zaragoza quiere estar en esa conversación desde el principio. La invitación no solo apela a la devoción popular por la Virgen del Pilar; también plantea un encaje estratégico: si se diseña una ruta pastoral por España, la ciudad se ofrece como parada con relato propio y horizonte de gran evento.
Un antecedente que pesa: Juan Pablo II y el Pilar
La ciudad tiene memoria papal. Juan Pablo II visitó Zaragoza en 1982 y volvió en 1984, con la Basílica del Pilar como centro simbólico de ambos viajes. Aquellas visitas dejaron imágenes de masas y una huella que aún se recuerda como uno de los grandes acontecimientos públicos de la Zaragoza contemporánea.
No es un dato menor: cuando una ciudad pide una visita papal, lo que ofrece no es solo un destino, sino un precedente. Zaragoza puede contar su historia y su liturgia, y puede hacerlo con una escena reconocible para el catolicismo global: el Pilar como icono.
Lo que hay detrás de la invitación
La carta al arzobispo es, en el fondo, una forma de diplomacia local: la mezcla de identidad, turismo, fe y marca de ciudad. Chueca y Azcón se apoyan en un argumento de largo recorrido (2040), pero aprovechan una ventana de oportunidad inmediata (un posible viaje en junio) para intentar que Zaragoza no llegue tarde.
A partir de aquí, el movimiento ya no depende solo de Zaragoza. Depende del Vaticano, de la agenda del Papa y de cómo se configure ese viaje que, de confirmarse, sería el primero en quince años. Lo que sí ha quedado claro es que la ciudad ya ha enviado su mensaje: si España recibe al pontífice, Zaragoza quiere que el recibimiento pase por el Pilar.