Hablemos del ‘efecto Sellés’: 5 claves de por qué el Real Zaragoza tiene lo que necesita
El Real Zaragoza vive algo que hacía tiempo que no ocurría: cree en sí mismo, cree en lo que hace y cree que puede salvarse. La victoria ante el Leganés (3-2) confirmó una tendencia que ya no es casualidad: tres triunfos consecutivos, remontadas, goles y una afición que ha vuelto a sentir que su equipo compite. Y todo parte de un mismo lugar: Rubén Sellés.
El técnico valenciano ha cambiado la energía, el fútbol y la narrativa del club. El Zaragoza es hoy reconocible, intenso y valiente. Tiene lo que necesitaba: un entrenador capaz de encender una luz donde solo había sombras. Este es el efecto Sellés, explicado en cinco claves.
1. Intensidad y liderazgo: un entrenador que contagia
Cuando Sellés dirige, ocupa la banda como si jugara él mismo. Gesticula, exige, corrige y empuja. Su energía es el primer mensaje al grupo: aquí no se negocia la actitud.
Ese liderazgo ha calado en un vestuario que estaba emocionalmente tocado. Sellés entiende el miedo del jugador, pero no lo permite. Y lo transforma en determinación.
2. Un fútbol vertical y valiente que reconoce la historia del club
El Zaragoza dejó atrás el fútbol temeroso. Ahora juega para ganar, no para sobrevivir. La remontada ante el Leganés lo ejemplifica: Kodro mandó un mensaje de carácter, Toni Moya firmó una obra técnica desde la frontal y Francho Serrano marcó “el gol de todos”, una declaración de identidad.
El equipo remató 11 veces a portería, algo que no pasaba desde la 22/23. El fútbol volvió a ser ambición.
3. Sin jerarquías por nombre: juega quien rinde
Sellés ha roto los automatismos internos del club. Aquí no manda el pasado, ni la etiqueta de fichaje importante. Manda el presente. Por eso han caído de las convocatorias: Dani Gómez y Bazdar. Y por eso han entrado chicos del filial como Lucas Terrer, que ya suma minutos y significado. Paul Akouokou, el fichaje estrella del verano, hoy está por detrás de Raúl Guti, Keidi Bare y Toni Moya Sellés lo explica sin rodeos con sus decisiones: “Aquí compite quien quiere competir”.
4. El Zaragoza ha recuperado su unidad: plantilla y grada, por fin juntas
El Modular dejó de ser un escenario maldito. La grada volvió a celebrar tres goles en una tarde, tantos como en toda la temporada.
Esto no es casualidad: Sellés ha devuelto un sentimiento, no solo un plan. La afición siente que el equipo corre, presiona, pelea y sufre con una cohesión que antes no existía. “Los jugadores saben lo que hace el de al lado sin mirarle”, explicó Sellés. Eso es estructura. Eso es equipo.
5. Una identidad para la salvación: competir, competir, competir
El Zaragoza aún no es un buen equipo, según palabras del propio técnico. Pero ahora sí es: un equipo competitivo, un equipo reconocible, un equipo incómodo, un equipo que remonta y un equipo que no se cae.
Esa es la base para salvarse en Segunda. Esa es la mano de Sellés. Ha cambiado la mentalidad, la velocidad, la jerarquía, el ánimo y la narrativa del Real Zaragoza. Hoy el equipo juega como un bloque, vive como un grupo y piensa como un superviviente que ha decidido no rendirse.
El Zaragoza tiene a Rubén Sellés. Y eso lo explica todo.


