El Real Zaragoza rescata un punto agónico en Málaga con un gol de Dani Gómez en el descuento

El escenario era inmejorable para abandonar la última posición y dar un golpe de efecto justo antes del parón navideño.

El Real Zaragoza afrontaba la decimoséptima jornada con una alineación celestial a su favor: todos sus rivales directos habían fallado. Andorra, Huesca, Eibar, Leganés, Real Sociedad B… ninguno fue capaz de sumar tres puntos.

El escenario era inmejorable para abandonar la última posición y dar un golpe de efecto justo antes del parón navideño. Pero, una vez más, el equipo blanquillo terminó al borde del abismo emocional. Y aunque esta vez no cayó derrotado, el duelo finalizó 1-1, la sensación general fue la de otra ocasión desaprovechada, pero un equipo bien diferente.

Un inicio titubeante que volvió a castigar

El partido comenzó con equilibrio, pero pronto se repitieron errores ya conocidos. Un mal ajuste defensivo permitió al Málaga adelantarse gracias a un remate de Einar. La acción, aislada pero contundente, volvió a evidenciar una fragilidad que castiga al Zaragoza incluso en sus mejores momentos.

La primera mitad avanzó con un equipo aragonés algo atenazado, intentando acercarse a la meta rival sin demasiada claridad. Aun así, Kodro y Francho firmaron las mejores aproximaciones blanquillas antes del descanso, obligando a Herrero a intervenir con seguridad.

Tras el paso por vestuarios, el equipo blanquillo salió más reconocible: más agresivo, más alto y con otra energía en campo rival. Primero lo intentó Guti desde fuera del área, y más tarde Tachi, en un córner que no encontraron ni Insua ni Soberón por centímetros.

El Málaga, mientras tanto, tuvo dos opciones clarísimas para sentenciar: un cabezazo al que respondió Andrada y un mano a mano que el argentino resolvió con una parada salvadora. Fueron instantes de sufrimiento, pero también de resistencia. Y esa resistencia acabó premiada.

A falta de menos de diez minutos, el Zaragoza volcó definitivamente el campo. En una acción a balón parado, Pablo Insua recibió un claro agarrón dentro del área. Esta vez, el colegiado no miró hacia otro lado: penalti.

La responsabilidad cayó sobre Dani Gómez, recién ingresado al césped. Y el delantero no falló: golpe seco, engañando a Herrero y estableciendo el 1-1. El tanto encendió al banquillo aragonés… y crispó al público malaguista, que llegó a lanzar objetos a Andrada mientras reclamaba más seguridad. El árbitro tuvo que detener el juego para advertir.

El Zaragoza, con la moral multiplicada, rozó incluso la remontada en los instantes finales. Dani Gómez estuvo a punto de firmar el segundo, pero Herrero se estiró para privarle del gol.

Un punto que sirve… pero que no basta

El 1-1 evita una derrota que habría sido durísima por todo lo que se jugaba. También confirma que el equipo suma ya cuatro partidos sin perder y que, al menos, hay capacidad de reacción en los momentos límite.

Pero la clasificación sigue mostrando una realidad que pesa: el Málaga sube a 22 puntos; Leganés, Albacete y Huesca se mantienen en 19; Real Sociedad B y Andorra se quedan en 18; el Eibar en 17; y en la última línea aparecen Mirandés y Real Zaragoza con 15, aunque los aragoneses siguen colistas por la diferencia de goles. Es decir: todos fallaron… y aun así el Zaragoza continúa último.

La reflexión que deja la jornada es tan evidente como preocupante: cuando el resto abre la puerta, el Zaragoza apenas encuentra hueco para pasar. La herida clasificatoria sigue abierta, y la salvación está cada vez más cerca en números. El empate en La Rosaleda es justo y merecido. El equipo luchó, generó ocasiones y, por momentos, mostró orgullo. Pero también dejó clara una realidad: le cuesta horrores ganar. Y en una liga tan ajustada, sobrevivir sin victorias es una ecuación condenada al sufrimiento.

El próximo encuentro ya no será solo un partido importante. Tendrá, inevitablemente, aroma de final, como todo. Porque el Zaragoza no puede permitirse seguir desaprovechando regalos como el de esta jornada perfecta que, una vez más, terminó sin premio pleno.

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