Víctor Serrano: "Zaragoza está triste, pero La Romareda no corre peligro: ni el estadio ni la sociedad están en riesgo"

El consejero de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza responde por el escenario que nadie quiere verbalizar en voz alta: un Real Zaragoza descendido a Primera RFEF mientras La Romareda está a medio construir.

El estado anímico de Zaragoza tiene termómetro y hoy se llama Real Zaragoza. El club aragonés atraviesa uno de los peores momentos deportivos de su historia reciente, último en la clasificación y con la afición en shock, y ese hundimiento ha encendido todas las alarmas: las futbolísticas… y también las políticas.

¿Qué sucede si el equipo desciende? ¿Afectaría eso al nuevo estadio de La Romareda, ya en marcha? ¿Se tambalea la hoja de ruta que Gobierno de Aragón y Ayuntamiento han dibujado para llegar al Mundial de 2030?

Víctor Serrano, consejero de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, responde con una mezcla de franqueza y contención: hay preocupación, sí. Pero, según él, ni el proyecto del campo ni su financiación están en riesgo, ocurra lo que ocurra en lo deportivo.

Esta respuesta se extrae de una entrevista concedida por Víctor Serrano a HOY ARAGÓN para el especial SIVA —Salón Inmobiliario y de Vivienda de Aragón, organizado por HOY ARAGÓN y Gibbon del 30 de octubre al 1 de noviembre en el hotel Palafox— y que publicara íntegramente este lunes este periódico. El consejero fue preguntado por el escenario que nadie quiere verbalizar en voz alta: un Real Zaragoza descendido a Primera RFEF mientras La Romareda está a medio construir. Políticamente, sería un terremoto. Deportivamente, una tragedia. Económicamente, una prueba de resistencia.

En este sentido, el consejero de Urbanismo responde. Por un lado, el mensaje institucional es claro: calma. “No podemos caer en el pesimismo de pensar ya que el equipo vaya a descender”, afirma. Serrano apela de forma directa a la afición, a la que sitúa en un papel casi sanitario: “Siempre hemos presumido, con razón, de ser la mejor afición del mundo. Yo creo que cuando más enfermo está alguien a quien quieres, más necesita tu ayuda. Estamos malitos, no estamos muertos”.

El paralelismo médico se repite varias veces en su discurso. El Real Zaragoza sería el enfermo grave. La afición, la familia que no puede abandonarlo. “Creo que es importante que la afición permanezcamos apoyando al equipo”, insiste.

Pero Serrano no oculta el otro lado del cuadro: el de la inquietud social y política. “Yo esta semana veo la ciudad triste. La ciudad está más triste”, reconoce. Y lo liga directamente al fútbol. “Es verdad que en las conversaciones sale el tema del Real Zaragoza. El fútbol es un intangible muy tangible. Cuando el equipo va fatal, la gente está más 'pocha'; cuando ganas dos partidos, nos vemos codo a codo con el Bayern de Múnich”.

Por eso llega la parte más política de su respuesta: el consuelo técnico. La idea que el Ayuntamiento quiere fijar por encima de todo es que el futuro estadio no depende de si el equipo compite en Segunda… o en algo peor. “Nadie se creería si yo dijera que no existe cierta preocupación”, admite Serrano. Pero en la misma frase marca el cortafuegos: “No por la construcción del campo de fútbol, que está fuera de todo riesgo. No por la evolución de la sociedad, que está fuera de todo riesgo”.

Cuando Serrano habla de “la sociedad”, se refiere a la sociedad mercantil creada para levantar el nuevo campo, la llamada Nueva Romareda SL, el instrumento jurídico y financiero que sostiene el proyecto de La Romareda y donde están a tres partes el Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Zaragoza y el Real Zaragoza. El mensaje es que esa estructura tiene solvencia suficiente para aguantar el calendario y los compromisos ya adquiridos, sin importar el trance deportivo actual del club.

El consejero insiste: “En ningún caso el proyecto del campo de fútbol corre peligro. En ningún caso la solvencia societaria corre peligro”. Por lo que, según el consejero, aunque el Real Zaragoza esté ahora mismo peleando por no caer al pozo de la Primera RFEF, el proyecto urbanístico y de infraestructuras sigue en pie.

Y no solo eso. Serrano recuerda, casi como mantra, el argumento central con el que Ayuntamiento y Gobierno de Aragón han defendido la nueva Romareda desde el principio: el Mundial de 2030. La ciudad aspira a ser sede y quiere aparecer en las retransmisiones internacionales como una capital moderna, con estadio nuevo. Ese objetivo —explica— está por encima de la coyuntura deportiva de octubre de 2025.

“No nos olvidemos de que una de las razones fundamentales por las que estábamos construyendo un campo de fútbol es porque hay un Mundial en el año 2030 en el que queremos que Zaragoza salga en la televisión de todos los países del mundo. Ese objetivo lo vamos a cumplir”, afirma.

Dicho eso, Serrano evita el triunfalismo. “Estamos en octubre”, recuerda, como quien deja la puerta abierta a que el fútbol aún dé un giro. Pide paciencia. Pide aguantar. “Tenemos que ser especialmente pacientes y comprensivos con el enfermo”. Y, sobre todo, pide no entrar ya en el relato de catástrofe: “No caigamos… estamos malitos, pero no nos hemos muerto”.

En resumen, el Ayuntamiento fija dos ideas que quiere que calen en pleno derrumbe emocional del zaragocismo. Uno: el Zaragoza necesita a su gente ahora más que nunca. Dos: la Romareda va a construirse igual. Pase lo que pase en el césped.

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