Opinión | Azcón, entre los datos incontestables y la geometría imposible

La incertidumbre política reina en un momento histórico para Aragón. La Comunidad se baña en inversiones tecnológicas y el Gobierno nada bien en ese entorno: los datos, hoy, son incontestables. La clave es que esa ola inversora no rompa en la espuma de un bloqueo presupuestario o de un adelanto electoral que congele la administración. La política útil hace predecible al Estado y confiable a la Comunidad: menos hipérbole y más practicidad. Quizá sea pedir mucho. O no.
El presidente del Gobierno aragonés, Jorge Azcón / Álvaro Calvo para HOY ARAGÓN
El presidente del Gobierno aragonés, Jorge Azcón / Álvaro Calvo para HOY ARAGÓN

La foto que deja el Debate sobre el Estado de la Comunidad es nítida: presupuestos en territorio incierto y una batalla del relato donde Jorge Azcón se mueve cómodo. El rifirrafe con Vox —que condiciona su apoyo a tumbar el pacto verde y a una línea dura en inmigración— convierte la negociación de las cuentas de 2026 en un ejercicio de geometría variable.

Sin números suficientes, la pregunta rebota por los pasillos: ¿habrá elecciones anticipadas en mayo? En el PP lo niegan en público y lo susurran en privado. Azcón advierte que un adelanto paralizaría Aragón seis meses. No le falta razón: una comunidad que capta inversión extranjera y encadena proyectos tractores no puede bajar la persiana administrativa.

El contexto nacional tampoco ayuda al PSOE aragonés. El sanchismo es una 'piñata' para la derecha y la semana se adensa con frentes judiciales alrededor del entorno familiar del presidente y sombras procesales en su órbita, como el caso Koldo con Santos Cerdán en prisión. Ese viento de cara dificulta en Aragón una réplica sólida al discurso del Gobierno autonómico. La política es también meteorología: el clima cuenta.

Mientras, Azcón juega en su hábitat natural: los datos. Inversiones, empleo y, por encima de todo, tecnología. La apuesta por los centros de datos y el ecosistema de IA no es pirotecnia: es la economía que viene. Aragón ya compite en el mapa europeo —capacidad eléctrica, suelo, conectividad, coste— frente a plazas como París. Aunque resulte ciencia ficción, es la pura realidad. Ahí el presidente demuestra que se sabe al dedillo el manual de instrucciones de la nueva economía y tiene una hoja de ruta. Los números respaldan el relato: Aragón crece, convence y diversifica.

Sin números suficientes, la pregunta rebota por los pasillos: ¿habrá elecciones anticipadas en mayo? En el PP lo niegan en público y lo susurran en privado.

Ahora bien, el termómetro social no solo se mide en megavatios y capex. Se mide en vivienda, sanidad y educación. Ahí Azcón colocó varias piezas importantes: 1.250 viviendas públicas de alquiler asequible y una fórmula aceleradora para construir donde aterrizan inversiones y empleo. Aquí se juega buena parte del curso político. La vivienda —precio y disponibilidad— es el gran cuello de botella de España y de Aragón.

Si el plan baja a suelo, licitación y llaves, el Gobierno ganará músculo social; si se queda en promesa, el “vende humo” del PSOE encontrará audiencia. Está por ver en qué queda y cómo se desatasca administrativamente la puesta de suelo para disposición de los promotores, pero la licitación y puesta en marcha de grandes parcelas de suelo -como la lograda por Brial y Eizasa, ya está en ejecución por parte de la consejería 'todoterreno' de Octavio López.

En sanidad y educación, los habituales quebraderos de cabeza para los gobiernos autonómicos, Azcón exhibe medidas palpables: nuevo hospital público en Royo Villanova, gratuidad 0–3 años y concierto de Bachillerato. No arreglan el déficit estructural sanitario, cierto; pero aligeran el gasto de las familias y responden a las demandas reales. Y eso en política importa y se nota.

Por su parte, el PSOE respondió a los datos de Azcón con un frente sincronizado: en el hemiciclo, Fernando Sabés; fuera, Pilar Alegría. Con mensaje similar de ambos: anuncios sin anclaje, un “conjunto vacío” y una pulsión de confrontación con Moncloa que bloquea consensos y grandes proyectos. Además, conviene subrayarlo: Fernando Sabés tiene hechuras. Supo aterrizar golpes en asuntos concretos, mostró capacidad para rivalizar y se notó un tono más firme.

Pero el duelo entre Azcón y Sabés se libró en dos planos: Azcón arrolla con datos y proyectos; Sabés, aun con razón en partes del “Aragón real”, no logró arrastrar al presidente a ese terreno. Y la situación nacional del PSOE lastra cualquier razón y argumento que se tenga. De momento, Sabés y el PSOE juegan en el campo del relato de la legislatura que Azcón domina y controla.

La piedra en el zapato para Azcón sigue siendo Vox. El partido de Abascal mantiene una política maximalista —decir no y agitar cuatro dogmas— que choca con la gobernanza que Aragón necesita. La inmigración ilegal es un problema, sí; pero sin propuestas viables, el debate se agota en la consigna. Como casi siempre, llama la atención el contraste entre el Vox parlamentario (Nolasco) y el municipal (Julio Calvo), uno más pegado a la gestión y el otro más incorporado a la pancarta.

El partido de Abascal mantiene una política maximalista —decir no y agitar cuatro dogmas— que choca con la gobernanza que Aragón necesita.

Y en medio de la trifulca, la hemeroteca que ya va teniendo el presidente aragonés. Azcón dejó un titular contundente y que resulta ineludible no destacar: recalcó e insistió en que será candidato a las próximas elecciones y las siguientes. Y que no será ministro, como alude el PSOE continuamente. Más claro no lo pudo dejar. Y la hemeroteca está ahí: nítida. Y la pregunta inevitable: ¿y si Feijóo se lo ofrece? Pocos políticos dicen que no a una cartera de Estado y a la oportunidad de gobernar tu propio país. Y más un animal político como Azcón. Como le gusta decir al propio Azcón, esto es un fact-check de futuro para el propio presidente.

Entre tanto, incertidumbre política ante el momento histórico de Aragón. Aragón se baña en inversiones tech y el Gobierno nada bien en ese entorno. Los datos, hoy, son incontestables, y la afección territorial, de momento, limitada. La clave es que esa ola no rompa en la espuma de un bloqueo presupuestario o de un adelanto electoral que congele la administración.

La política útil es la que hace predecible al Estado y confiable a la Comunidad. Eso exige —a todos— abandonar la hipérbole y pisar el acelerador de la practicidad. Quizá sea pedir mucho. O no. 

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