Opinión I El populismo de Aagesen con la burbuja de centros de datos

Al calificar el auge de los centros de datos en Aragón como una "burbuja", pone en entredicho un sector que ha movilizado más de 38.000 millones de euros.

La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha vuelto a demostrar que su discurso se ajusta más a la conveniencia política que a la realidad económica. Al calificar el auge de los centros de datos en Aragón como una "burbuja", pone en entredicho un sector que ha movilizado más de 38.000 millones de euros en inversiones y que, lejos de ser una especulación sin sustento, se ha convertido en un pilar estratégico para la digitalización y el desarrollo industrial en España.

Aagesen apuesta por un modelo de planificación a largo plazo, asegurando que hay que definir qué tipo de actividades económicas queremos dentro de 10 o 20 años. Pero lo que no menciona es que las inversiones no esperan a decisiones burocráticas y que frenar ahora el crecimiento de los centros de datos por cuestiones ideológicas puede desincentivar la llegada de nuevas empresas tecnológicas y energéticas a Aragón. Si la ministra realmente quiere planificar el futuro económico del país, debería priorizar la modernización de infraestructuras eléctricas en lugar de cuestionar inversiones que ya están comprometidas.

Porque, de alguna forma, esta declaración fuera de tono y sin un argumento más definido, deja entrever que la descalificación como "burbuja" a las inversiones mil millonarias que llegan a Aragón en centro de datos se debe más a la incapacidad para dar respuesta a la demanda de energía. Nadie duda de que el futuro de la economía va en línea con la implantación de centro de datos y en una economía basada en el 'cloud' y en la computación; lo contrario sería poner piedras en el camino.

Porque los centros de datos no son simplemente edificios llenos de servidores. Son la infraestructura clave para la digitalización de la economía, la inteligencia artificial y el almacenamiento de datos. Representan una oportunidad para Aragón de consolidarse como un hub tecnológico en el sur de Europa. Sin embargo, la ministra prefiere sembrar la duda con un discurso populista que solo genera incertidumbre en un momento donde el territorio compite con otras regiones europeas por atraer grandes inversiones en tecnología y energía.

El Gobierno de Aragón, consciente de la importancia estratégica del sector, ha reclamado reiteradamente al Estado fondos para infraestructuras que permitan el transporte de energía y mantener el ritmo de captación de proyectos. Sin una red eléctrica adecuada, muchas de las inversiones anunciadas corren el riesgo de no materializarse.

En este contexto, la visión de Aagesen no solo es errónea, sino que es dañina. Su afirmación de que hay más proyectos de los que pueden conectarse a la red eléctrica es solo una parte de la realidad. La otra parte, que omite, es que muchas empresas ya han garantizado su suministro energético y que el verdadero problema es la falta de inversiones estatales en infraestructuras de distribución.

El sector tecnológico ha demostrado ser capaz de atraer grandes compañías, reactivar el sector inmobiliario y dinamizar la economía local. Hablar de burbuja es un error conceptual y una estrategia que podría perjudicar a Aragón, una comunidad que ha sabido aprovechar su potencial para posicionarse como un referente en la transformación digital y el almacenamiento de datos. Mientras otras regiones de España luchan por atraer estas inversiones, aquí se han generado condiciones propicias para que las grandes tecnológicas confíen en el territorio.

El argumento de la ministra de que los concursos serán la solución para ordenar la proliferación de centros de datos solo añade más burocracia y retrasos a un sector que necesita agilidad. Si el acceso a la energía se convierte en un factor determinante en la inversión, Aragón tiene todas las de ganar por su capacidad de generación renovable y su ubicación estratégica. Sin embargo, discursos como el de Aagesen solo sirven para generar incertidumbre y dar la sensación de que el propio Gobierno no está alineado en su política de atracción de inversión tecnológica.

Es preocupante que desde el propio Ejecutivo se promuevan mensajes que pueden ahuyentar proyectos que ya están en marcha. Hablar de burbuja en un sector que ha movilizado a medio Ibex-35, que ha generado sinergias con el sector energético y que ha puesto a España en el mapa de la inversión tecnológica es, como mínimo, irresponsable. No se puede jugar con la estabilidad económica de una comunidad por razones políticas o ideológicas.

Aragón tiene la oportunidad de convertirse en un motor de la digitalización en España. Pero para ello necesita un marco regulatorio estable y un apoyo decidido desde el Gobierno central. La ministra Aagesen haría bien en dejar de lado el populismo y centrarse en lo realmente importante: garantizar las infraestructuras necesarias para que la inversión tecnológica siga llegando y consolidándose en el territorio. Porque si algo está claro es que el futuro de Aragón no puede depender de discursos políticos que generan más dudas que certezas.

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