Opinión | La gran traición al 78; por Jorge Herrero

Cada 6 de diciembre me pregunto qué sentirían aquellos españoles que votaron en 1978. Imagino sus manos sosteniendo la papeleta, el peso de la historia en ese gesto tan sencillo. Más del 88% dijeron sí, no solo a un texto legal, sino a la posibilidad de que todo fuera diferente. Siete hombres de mundos opuestos se sentaron a negociar porque compartían un temor que hoy se ha diluido: el de perder lo ganado y olvidar lo que costó alcanzarlo. Aquello fue la Constitución, un pacto imperfecto nacido del pragmatismo y la esperanza.

Y funcionó. Durante décadas tuvimos libertades que parecían imposibles: expresión, reunión, votar sin miedo. Para los aragoneses significó recuperar nuestra voz dentro de un proyecto común. Numerosas instituciones sepultadas renacieron, crecimos, nos integramos en Europa, construimos un Estado del bienestar. No fue perfecto, pero fue nuestro y durante un tiempo bastó.

Hoy, sin embargo, cuando observo el panorama político, siento una mezcla de tristeza y rabia. El Parlamento se ha convertido en un espectáculo de gritos donde ya no se debate para construir, sino que se vocifera para el clip de redes sociales. El Poder Judicial lleva años bloqueado por rencillas partidistas.

"Numerosas instituciones sepultadas renacieron, crecimos, nos integramos en Europa, construimos un Estado del bienestar. No fue perfecto, pero fue nuestro y durante un tiempo bastó"

El Tribunal Constitucional es cuestionado según convenga. Las instituciones que tanto costó levantar son zarandeadas al antojo de intereses electorales. El modelo territorial agoniza sin que nadie lo gestione de verdad, con tensiones que todos prefieren explotar antes que resolver.

Y aquí hay que decirlo con nombre y apellido: el PSOE, que se presenta como guardián de la Constitución, ha sido uno de sus principales erosionadores. El partido que presumía de cultura constitucional es el mismo que ha negociado con quienes quieren romper España a cambio de seguir en La Moncloa. Los indultos a los condenados por el procés, la amnistía que contradice el principio de igualdad ante la ley del artículo 14, la cesión constante al nacionalismo catalán...

Todo ello envuelto en retórica grandilocuente sobre diálogo y convivencia, cuando en realidad es simple cálculo electoral. El bloqueo del Poder Judicial durante años fue estrategia socialista para controlarlo. La renovación del Consejo General del Poder Judicial se condicionó hasta conseguir las mayorías deseadas.

"El partido que presumía de cultura constitucional es el mismo que ha negociado con quienes quieren romper España a cambio de seguir en La Moncloa"

El Tribunal Constitucional se ha convertido en extensión del gobierno, con nombramientos que atienden más a la lealtad política que a la excelencia jurídica. Y cuando las sentencias no convienen, se les quita legitimidad o directamente se ignoran. La hipocresía de los derechos sociales duele especialmente. El artículo 47 garantiza vivienda digna, pero díganle eso a los jóvenes que destinan la mitad de su sueldo a un piso minúsculo sin posibilidad de independizarse.

Zapatero prometió que ningún joven pagaría más del 30% de su sueldo en vivienda. Hoy, con Sánchez, esa cifra supera el 50% en muchas ciudades. Las leyes de vivienda que aprobaron han conseguido reducir la oferta y encarecer los alquileres. La sanidad pública se sostiene por profesionales exhaustos mientras las listas de espera crecen. La educación es rehén de cada cambio de gobierno, con sistemas que se modifican sin consenso alguno.

No quiero caer en el cinismo fácil, pero tampoco puedo mirar hacia otro lado: algo fundamental se ha roto. Y el PSOE, con su pragmatismo sin principios, ha sido protagonista de esa ruptura. Uno de los partidos que ayudó a construir la Constitución es hoy el que más contribuye a vaciarla de contenido. La capacidad de ceder para construir se ha transformado en la disposición a ceder cualquier cosa para mantenerse en el poder.

El adversario ya no es alguien con quien discrepar, sino un enemigo a destruir. Y si hace falta pactar con quienes quieren destruir España para seguir gobernando, se pacta. Echo de menos la política que entiende que gobernar es renunciar a parte de tus convicciones para que el barco avance, no hipotecar el futuro del país para sobrevivir unos meses más.

Los padres de la Constitución y gente como Felipe González lo entendieron en su día porque habían conocido el abismo, los socialistas de hoy la dan por sentada y la usan como arma arrojadiza. Las democracias no mueren de golpe: se pudren lentamente cuando quienes deben sostenerlas las usan para su beneficio. Y el PSOE, con su cortoplacismo y sus pactos con el independentismo, está acelerando esa putrefacción.

"El adversario ya no es alguien con quien discrepar, sino un enemigo a destruir. Y si hace falta pactar con quienes quieren destruir España para seguir gobernando, se pacta"

Este aniversario debería ser un momento de verdad incómoda, de reconocer que hemos traicionado el espíritu de aquel pacto. Que el PSOE ha pasado de ser partido de Estado a partido que subordina el Estado a su supervivencia. Que las palabras hermosas de la Constitución chocan con la realidad de amnistías inconstitucionales, bloqueos institucionales y cesiones territoriales.

Que hemos convertido algo valioso en un cascarón que el PSOE invoca cuando conviene y viola cuando estorba. La Constitución no está en peligro por los extremistas que la atacan abiertamente, sino por quienes la citan mientras la socavan. Por los socialistas que la invocan en el Congreso y negocian su desmantelamiento en los despachos con Puigdemont.

Por las instituciones capturadas por el sanchismo, por la mediocridad disfrazada de pragmatismo, por el "todo vale" con tal de seguir en La Moncloa. ¿Hay salida? Quiero creer que sí.

Tendría que aparecer alguien con la voluntad real de recuperar lo esencial: respeto a las instituciones por encima de las siglas, capacidad de diálogo sin vender los principios, valor para anteponer lo común al poder. Recordar que ceder no es traicionar, pero que traicionar la Constitución para mantenerte en el gobierno sí lo es. Porque si el PSOE sigue este camino, condenará a nuestros hijos a recoger los escombros de lo que pudimos ser y no fuimos. Y la responsabilidad histórica de esa traición tendrá nombre propio.

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