Opinión | Zaragoza: motor para una firma global
Pocas veces una ciudad se convierte en referente silencioso de transformación empresarial a escala global. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que ha conseguido Zaragoza con el Centro de Calidad y Eficiencia (CCE) de KPMG en España, liderado por el aragonés Samuel Lamola, artífice de su creación en enero de 2013. Desde aquí, desde nuestra tierra, esta unidad estratégica impulsa la calidad, la eficiencia operativa y el uso intensivo de la tecnología en más de 300 servicios transversales para una firma que opera en más de 142 países y que cuenta con más de 275.000 empleados. Actualmente, es el principal centro hispanohablante de estas características en la red global de firmas de KPMG. Se dice pronto, pero es una realidad que pasa desapercibida para muchos.
El CCE de Zaragoza es mucho más que una oficina técnica. Es una pieza esencial dentro del engranaje global de una de las grandes firmas internacionales de servicios profesionales. ¿Su misión? Repensar procesos, elevar la calidad y optimizar recursos combinando análisis avanzado, automatización, metodologías ágiles e innovación constante. O, dicho de forma más directa: hacer que las cosas funcionen mejor, más rápido y con más sentido.
Pero lo que realmente distingue a este centro no son solo sus herramientas o su enfoque tecnológico. Son las personas. Un equipo joven, multidisciplinar y tremendamente preparado que da soporte desde Zaragoza a más de 4.000 clientes. Un talento silencioso, sin etiquetas, que demuestra que no hace falta estar en la capital del mundo para transformar el mundo.
Y ahí aparece la figura de Samuel Lamola. Un líder que no busca titulares, pero sí resultados. Cercano, claro, con visión y con una capacidad admirable para convertir ideas en estructuras sólidas. Bajo su impulso, el centro ha multiplicado su plantilla en apenas unos años y se ha convertido en un referente dentro de la propia firma. Lo dicen los datos, sí, pero también lo cuentan sus equipos. Ese liderazgo comprometido, tan poco dado al artificio y tan centrado en las personas, debería ser objeto de estudio en más de una escuela de negocios.
Podríamos hablar de logros técnicos: la implementación de un sistema de control de calidad con análisis predictivo, o del diseño de un modelo operativo propio que se ha exportado a otros países. Pero me quedo con lo humano: profesionales aragoneses que comenzaron como Staff y hoy lideran servicios para clientes líderes en su sector. Gente que pone todo su talento al servicio de un propósito, sin renunciar a su tierra. Esas son las historias que construyen el verdadero tejido empresarial, el que tiene alma.
Un dato que impresiona: más del 10% del volumen de actividad de KPMG en España pasa por Zaragoza. Una cifra que, honestamente, debería hacernos reflexionar sobre lo que significa realmente ser una tierra de talento. No es una anécdota, es una señal clara de que algo se está haciendo muy bien.
Este centro es la prueba palpable de que Aragón no solo exporta productos; también exporta conocimiento, eficiencia y soluciones con un enorme valor añadido. Y lo hace desde una visión de crecimiento realista, con una hoja de ruta ambiciosa que pasa ahora por incorporar inteligencia artificial generativa y nuevas tecnologías emergentes para seguir mejorando procesos complejos.
Pero por encima de todo, lo que sostiene este proyecto es la implicación de su equipo, el liderazgo sereno y decidido de Lamola, y esa convicción colectiva de que desde aquí también se pueden cambiar las cosas. Que, desde Zaragoza, sí, también se innova, también se lidera y también se marca la diferencia. Porque a veces, la excelencia tiene acento aragonés. Y eso, reconozcámoslo, nos debería llenar de orgullo.


