Opinión I El PSOE juega con fuego al cuestionar los centros de datos
Hay mensajes que no son inocuos. Hay discursos que no solo buscan desgastar a un Gobierno, sino que, en el camino, pueden llevarse por delante oportunidades históricas para una comunidad que durante décadas ha peleado por encontrar su lugar en el mapa económico de España. Es exactamente lo que está haciendo el PSOE aragonés con su ofensiva política contra la llegada de centros de datos.
Aragón vive su mayor ciclo inversor desde los tiempos de Basilio Paraíso, cuando el impulso empresarial y fiscal de aquel movimiento convirtió a Zaragoza en uno de los puntos neurálgicos del comercio español. Hoy, salvando siglos y contextos, estamos ante un fenómeno de naturaleza similar: un nuevo motor económico que no nace de la manufactura y el comercio, sino de la infraestructura tecnológica que sostiene la economía global del siglo XXI.
Y, sin embargo, mientras sectores empresariales, universidades, operadores tecnológicos y fondos internacionales observan a Aragón como el nuevo Loudoun español —el mayor hub de centros de datos del mundo—, el PSOE decide poner en duda, relativizar y erosionar la llegada de estas inversiones.
Cuestionar la seguridad, el impacto o la legitimidad de estos proyectos no es una postura técnica ni responsable: es ruido político. Y el ruido político —como saben bien los estados y regiones que compiten por atraer inversión tecnológica— es el mayor enemigo de la certidumbre.
En el condado de Loudoun, Virginia, los primeros centros de datos fueron recibidos con prudencia, sí, pero también con visión y unidad institucional. Hoy, ese ecosistema genera más de 6.000 millones de dólares al año en actividad económica, sostiene decenas de miles de empleos, aporta una recaudación fiscal que financia servicios públicos y ha convertido a un territorio rural en el corazón digital del planeta. ¿Se puede imaginar alguien que aquello habría prosperado si cada anuncio hubiera sido un campo de batalla partidista?
Aragón no está compitiendo contra provincias. Está compitiendo contra Madrid, Frankfurt, Marsella, Dublín, Virginia, Oregón o Países Bajos. Y, pese a ello, hemos logrado algo insólito: convertirnos en la región española que más interés despierta entre los grandes operadores tecnológicos.
Esto no es propaganda. Es un hecho: más de 70.000 millones anunciados desde el inicio de la legislatura, tres gigantes tecnológicos ya confirmados y otros tantos en negociación, impacto directo en energía, ingeniería, obra civil, transporte, restauración, logística y servicios empresariales, más de 40.000 empleos vinculados a fases de construcción y operación en los próximos años y una recaudación fiscal que puede transformar la educación, la sanidad y los servicios públicos de toda la comunidad.
En este contexto, lanzar el mensaje de que estas inversiones son un “cheque en blanco”, o insinuar dudas sobre su conveniencia, es irresponsable. Porque este tipo de discursos no golpean al Gobierno: golpean a la imagen de Aragón ante los inversores. La política sirve para debatir modelos, fiscalizar decisiones y proponer alternativas. Pero lo que está haciendo el PSOE no es una alternativa: es una distorsión. No es momento de sembrar dudas. Es momento de unidad, rigor y ambición.
*Álvaro Sierra es el socio director de HOY ARAGÓN




