Boticaria García habla sin miedo sobre tomar fruta después de comer: ¿fermenta en el estómago?
La nutricionista Boticaria García aclara un mito sobre la fermentación de la fruta después de comer.
En verano, cuando más apetece algo fresco, la fruta se convierte en una de las opciones preferidas. Muchos la disfrutan como postre, pero desde hace años circula una creencia popular: que si se come tras las comidas, fermenta en el estómago y provoca malas digestiones. La nutricionista y divulgadora Boticaria García, habitual en televisión y redes sociales, ha desmontado recientemente este mito con argumentos científicos. “Cuenta la leyenda que la fruta se queda flotando encima de la comida y fermenta produciendo gases”, comenta con ironía en uno de sus últimos vídeos en Instagram. Y acto seguido aclara: “Para que haya fermentación hacen falta bacterias. Y en el estómago, con un pH ácido de entre 1 y 3, las bacterias no están cómodas”.
Cómo funciona realmente la digestión
Lejos de ser un lugar donde los alimentos “hacen cola” esperando turno, el estómago mezcla y digiere todo al mismo tiempo gracias a los jugos gástricos. Es decir, la fruta no queda “flotando” sobre la comida, sino que se integra en el proceso digestivo como cualquier otro alimento.
Eso sí, Boticaria matiza que algunas frutas ricas en azúcares como la fructosa —los llamados FODMAPs— pueden generar gases o hinchazón en ciertas personas cuando llegan al colon, un lugar con ambiente más neutro y abundantes bacterias. Este efecto no tiene que ver con comer fruta de postre, sino con condiciones digestivas específicas como el síndrome de intestino irritable o el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO).
Entonces, ¿conviene comer fruta después de las comidas?
La respuesta de la experta es clara: sí, se puede comer fruta de postre sin miedo. En personas sin patologías digestivas, la fruta no solo no sienta mal, sino que aporta fibra, ayuda al tránsito intestinal y favorece la saciedad.
“No pasa absolutamente nada por tomar fruta después de comer”, resume Boticaria García, desmontando así un mito que ha circulado durante décadas sin respaldo científico.

