Cuando el frío llega de golpe: así afectan los cambios bruscos de temperatura a tu salud
El otoño trae descensos bruscos de temperatura en Aragón, un escenario que favorece resfriados e infecciones. Médicos recomiendan prevenir con higiene, descanso y ropa por capas.
El otoño y sus cambios bruscos de temperatura ponen a prueba nuestras defensas. Tras semanas de calor sofocante, el termómetro ha caído en picado y ha obligado a rescatar la ropa de abrigo del armario. Estos descensos repentinos no solo se traducen en noches frescas y mañanas de manga larga: son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de resfriados e infecciones respiratorias, que cada año afectan a miles de personas en estas fechas.
Según explica Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (Semg), el problema radica en que los cambios térmicos afectan a la inmunidad local de las fosas nasales, nuestra primera barrera de defensa frente a los virus. “Eso multiplica las probabilidades de contagio”, señala. A ello se suma que el frío favorece la circulación de virus porque permanecemos más tiempo en espacios cerrados, con escasa ventilación y mayor proximidad, lo que aumenta el riesgo de transmisión de patógenos.
EFECTOS DEL FRÍO EN LA SALUD
El cuerpo tampoco tiene margen para adaptarse cuando la bajada es súbita. Es habitual salir de casa sin la ropa adecuada en esos días de transición, exponiéndose al contraste entre las temperaturas del día y de la noche. Esto resulta especialmente peligroso para niños, personas mayores e inmunodeprimidos, considerados los grupos más vulnerables.
Pero las consecuencias no se limitan a los resfriados. La exposición prolongada a temperaturas bajas puede agravar enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, ya que el frío provoca un aumento de la presión sanguínea. También puede descompensar patologías respiratorias como el asma o la EPOC, y afectar a personas con diabetes, ya que la vasoconstricción dificulta la circulación sanguínea y puede agravar cuadros de isquemia.
CÓMO CUIDAR EL SISTEMA INMUNE
Armenteros insiste en que fortalecer las defensas no es cuestión de un día, sino el resultado de hábitos mantenidos en el tiempo. Tres pilares destacan sobre el resto: alimentación equilibrada, ejercicio físico y descanso suficiente. En este último punto, el especialista pone el acento: durante el sueño, el organismo regenera y refuerza su sistema inmunitario, incrementando la capacidad de respuesta frente a virus y bacterias.
Los hábitos de higiene también son fundamentales. El uso de mascarilla en lugares concurridos cuando estamos enfermos reduce notablemente la transmisión de virus respiratorios. Asimismo, respirar por la nariz ayuda a filtrar, humedecer y calentar el aire antes de que llegue a los pulmones, lo que disminuye la probabilidad de infecciones en las vías respiratorias bajas.
PROTEGERSE DE LOS CAMBIOS DE TEMPERATURA
Una de las recomendaciones más prácticas es vestir por capas. Este sistema permite adaptarse a las variaciones térmicas del día a día, quitando o añadiendo prendas según cambien las condiciones. La ropa debe ser cómoda y no ajustada para evitar la sudoración excesiva, que puede incrementar la sensación de frío. Entre las capas es importante que queden pequeños espacios de aire que actúen como aislante natural.
En definitiva, los primeros coletazos del otoño son un periodo crítico para la salud respiratoria y cardiovascular. Sin medidas preventivas, los cambios de temperatura pueden pasar factura en forma de catarros, bronquitis o complicaciones en patologías previas. La clave está en preparar al organismo con buenos hábitos durante todo el año y protegerse adecuadamente cuando llegan los contrastes térmicos.

