El déficit de sueño en niños y adolescentes altera la hormona del crecimiento y su desarrollo

La falta de sueño afecta a la salud física, mental y al rendimiento escolar de los menores. El último informe FAROS de Sant Joan de Déu alerta de que el insomnio es ya el trastorno más frecuente.

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El déficit de sueño en niños y adolescentes altera la hormona del crecimiento y su desarrollo

Dormir no es solo un acto de reposo. Mientras el cuerpo descansa, el cerebro procesa experiencias, fija recuerdos y regula funciones vitales. Sin embargo, uno de cada tres niños y adolescentes españoles no duerme las horas necesarias, según el último informe FAROS de la Escuela de Salud del Hospital Sant Joan de Déu. Las consecuencias son múltiples: desde problemas de crecimiento y alteraciones metabólicas hasta un peor rendimiento académico y mayor riesgo de trastornos emocionales.

El documento subraya que el sueño profundo es clave en la secreción de la hormona del crecimiento, que la falta de descanso debilita el sistema inmunitario y aumenta la predisposición a infecciones y enfermedades autoinmunes. Además, dormir poco altera la producción de leptina y grelina, lo que favorece la obesidad y la diabetes.

CONSECUENCIAS EN EL APRENDIZAJE Y LA CONDUCTA

Los datos son reveladores: el 17% de los niños acude con sueño a la escuela y el 4% se duerme en clase. En adolescentes, la situación es aún más preocupante: el 52% reconoce dormir menos de ocho horas y el 84% tiene dificultades para levantarse. A ello se suma el llamado jet lag social, una alteración de horarios los fines de semana que afecta al 24% y repercute en su rendimiento escolar.

El sueño no es una pausa del cerebro; al contrario, es fundamental para el aprendizaje, la memoria y la atención”, explica Òscar Sans, coordinador del informe. Algunos estudios demuestran que quienes duermen menos de diez horas hasta los tres años y medio tienen hasta tres veces más riesgo de presentar una función cognitiva baja a los seis años.

LOS TRASTORNOS DEL SUEÑO MÁS FRECUENTES

El informe estima que uno de cada tres niños presenta algún trastorno del sueño que impacta en su conducta, vida social y resultados académicos. El insomnio —dificultad para conciliar o mantener el sueño— es el más común, con una prevalencia de entre el 20% y el 40%. También destacan los trastornos respiratorios, las parasomnias como el sonambulismo o los terrores nocturnos, y los trastornos del ritmo circadiano, frecuentes en adolescentes.

La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento de elección contra el insomnio, con tasas de mejoría de hasta el 80%. La melatonina, aprobada en casos específicos como los trastornos del espectro autista, se emplea de forma creciente, aunque los expertos alertan del incremento en el uso de hipnóticos y ansiolíticos en población infantil.

HÁBITOS PARA UN SUEÑO SALUDABLE

El informe insiste en la importancia de implantar rutinas de descanso: horarios regulares, control de luz y ruido, evitar pantallas antes de dormir y fomentar la actividad física al aire libre. También señala que el déficit de sueño de los padres incide en el de los hijos, incluso antes del nacimiento, y que mejorar el descanso familiar es clave para el bienestar infantil.

En un país donde los adolescentes reconocen de forma mayoritaria no llegar a las horas de sueño recomendadas, los expertos advierten de que el descanso debe considerarse una cuestión de salud pública. Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad para crecer, aprender y vivir con equilibrio físico y emocional.

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