Los jugadores del Mónaco terminan en calzoncillos en pleno vuelo antes de ir a jugar la Champions
La expedición del AS Mónaco vivió este jueves una escena insólita antes de despegar rumbo a Bélgica, donde esta tarde se mide al Club Brujas en la Champions League.
El vuelo chárter que debía trasladar al conjunto del Principado desde la Costa Azul sufrió una avería en el sistema de aire acondicionado cuando el equipo ya estaba a bordo, lo que convirtió la cabina en un horno y obligó a aplazar la salida.
Según fuentes del club, la temperatura en el interior del aparato subió con rapidez mientras la tripulación intentaba resolver el fallo en tierra. El ambiente se volvió tan irrespirable que varios futbolistas comenzaron a quitarse las camisetas del uniforme para soportar el calor, en una escena que tardó en trascender pero que terminó por viralizarse en redes.
Ante la imposibilidad de restablecer el flujo de aire sin poner en marcha los motores —algo no autorizado en ese momento—, la expedición decidió desembarcar y esperar la reprogramación del vuelo.
El retraso alteró la hoja de ruta del Mónaco, que había previsto llegar a Brujas a media mañana para completar una suave sesión de activación y reconocer el césped del Jan Breydelstadion.
Finalmente, el club reorganizó los horarios para aterrizar con el tiempo justo para la concentración previa al encuentro, manteniendo el plan nutricional y de descanso “lo más intacto posible”, explican desde el entorno del equipo.
Champions como refugio tras el susto
En lo deportivo, el choque llega con un histórico favorable a los monegascos cuando visitan Bélgica: no han perdido en sus tres últimas salidas ante rivales del país y han iniciado con victoria cuatro de sus siete últimas participaciones en la primera jornada del torneo, incluida la recordada remontada 2-1 al FC Barcelona hace un año.
El Brujas, por su parte, regresa a Europa después de dos tropiezos ligueros a domicilio que le costaron el liderato, y busca convertir su estadio en fortín desde el primer día.
La consigna en el vestuario del Mónaco es pasar página del incidente y aferrarse a la rutina competitiva: hidratación reforzada tras la exposición al calor, calentamiento progresivo y un plan para imponer ritmo en el primer tramo de partido pese a la jornada peculiar.
Los belgas, apoyados por su afición, aspiran a asfixiar la salida de balón rival y a capitalizar cualquier resquicio emocional que haya dejado la odisea aérea del visitante.


