El "asesino silencioso" que provoca afecciones respiratorias y dolor de cabeza en los hogares de Zaragoza

Se han llegado a registrar concentraciones de CO2 en dormitorios por encima de los 3.500 ppm, cuando lo saludable es estar por debajo de 900.

Más allá de cuestiones como la temperatura y la humedad dentro del hogar, hay un factor que hay que tener en cuenta a la hora de valorar si una vivienda cumple con los estándares saludables para los residentes. Desde la pandemia, se ha prestado cada vez más atención a las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) y las conclusiones no son precisamente buenas.

El Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Zaragoza (COAATZ) ha estudiado, a través de su Consejo General, esta cuestión y los resultados son preocupantes. Tanto es así que, en el caso de dormitorios dobles, se han llegado a medir en invierno concentraciones de 3.500 ppm (partes por millón) de este compuesto cuando se pasa la noche con la ventana y la puerta cerradas.

Según la normativa actual, se consideran niveles saludables concentraciones por debajo de 900 ppm, y se establece que una persona no debería estar expuesta más de 300 horas al año a concentraciones de más de 1.600 ppm. Es decir, el aire que se respira en el 99% de las habitaciones de Zaragoza es perjudicial para la salud.

"Se le llama el asesino silencioso porque a corto plazo no se detecta ningún efecto, pero a largo plazo puede acarrear problemas", apunta el director gerente del COAATZ, Lucio de la Cruz. Respirar altas concentraciones de dióxido de carbono de manera prolongada puede conducir a cuadros como hipercapnia (envenenamiento por CO2 ), con síntomas como alta presión sanguínea, enrojecimiento de la piel, espasmos musculares y respiratorios, dolores de cabeza, y más.

El primer síntoma es la sensación de no haber dormido bien. Si la concentración de CO2 es alta, se produce una mala oxigenación, lo que provoca que nos depertemos cansados, porque la calidad del sueño no ha sido la adecuada. A este respecto, De la Cruz explica que se han elaborado estudios en colegios, certificando que los alumnos se concentran más cuanto más oxígeno hay en el aula.

SOLUCIONES

La solución ideal para que las concentraciones de CO2 no se produzcan en los dormitorios, teniendo en cuenta que en Zaragoza no es viable dormir con la ventana abierta en invierno (lo cual evitaría el problema) es contar con recuperadores de calor de alta eficiencia. En obra nueva, se suelen incorporar estos equipos, por lo que se evita el problema si están bien gestionados y en muchos casos trabajan en conexión con los equipos de aerotermia.

También existe la posibilidad de equipar estos aparatos en estancias individuales, algo que, como señalan desde el COAATZ, es recomendable considerar en el caso de que se esté planteando una reforma, siendo el punto crítico, como se ha indicado, los dormitorios, debido a la cantidad de horas que permanecemos en ellos a diario.

Menos efectivos, pero que ayudan a que los niveles de CO2 no se disparen por la noche, son dos hábitos que cualquiera puede llevar a cabo en su casa. En primer lugar, no cerrar la puerta del dormitorio, para permitir que circule el aire con otras estancias y, por lo tanto, el dióxido de carbono no se concentre de forma tan pronunciada. El segundo consejo es ventilar la habitación antes de acostarse para que, al menos, los niveles incialmente no sean altos.