Los 8 gestos más incívicos que ensucian Zaragoza cada día: multas de hasta 3.000 euros
En Zaragoza no hacen falta grandes actos vandálicos para que la ciudad se deteriore. Basta con pequeños gestos cotidianos, repetidos día tras día, que van dejando una huella silenciosa en calles, plazas y barrios. Una bolsa de basura fuera de hora, un mueble abandonado junto al contenedor, una colilla en el suelo o un grafiti donde no toca. Acciones que muchos consideran menores, pero que, sumadas, dañan la imagen, la convivencia y el espacio común.
Con ese diagnóstico de fondo, el Ayuntamiento de Zaragoza ha puesto en marcha una campaña de sensibilización ciudadana sobre limpieza y convivencia, con un mensaje claro: la ciudad no se cuida sola. La iniciativa combina información, pedagogía y control, y pone el foco en conductas incívicas que se repiten a diario en Zaragoza.
Entre los comportamientos que se van a vigilar especialmente figura el abandono de muebles y enseres voluminosos en la vía pública sin avisar previamente al 010. Una práctica habitual que convierte aceras y calzadas en vertederos improvisados y que tiene una alternativa sencilla: el servicio municipal de recogida concertada.
Otro de los grandes problemas es depositar la basura fuera del horario permitido o fuera de los contenedores, una infracción que puede acarrear sanciones de hasta 750 euros. A ello se suman conductas relacionadas con la tenencia de animales: no recoger los excrementos de los perros o no limpiar los orines con agua y vinagre, ambas también sancionables con multas de hasta 750 euros.
La lista continúa con prácticas que degradan el espacio público y la convivencia: realizar necesidades fisiológicas o escupir en la calle, rebúsquedas en los contenedores o tirar colillas al suelo, todas ellas castigadas económicamente. En el caso más grave, los grafitis en bienes de interés cultural, la sanción puede llegar a los 3.000 euros, al tratarse de un atentado directo contra el patrimonio común.
Desde el Ayuntamiento insisten en que el objetivo no es solo sancionar. La campaña apela a la responsabilidad compartida y al orgullo de pertenencia a una ciudad que quiere mejorar. “Zaragoza es una ciudad que se esfuerza, pero ese esfuerzo necesita del compromiso de todos. Cada gesto cuenta y cada ciudadano tiene la capacidad de hacer de Zaragoza un lugar más limpio, agradable y respetuoso”, subrayan desde el Consistorio.
La iniciativa se enmarca, además, en un proceso más amplio: el trabajo previo para la futura Ordenanza Cívica, que establecerá un marco global para regular conductas incívicas y proteger el espacio público como lugar común. La idea es clara: no hay convivencia sin responsabilidad ni mejora sin participación.
Porque cuidar la ciudad no es solo cumplir normas. Es respetar a quien vive al lado, a quien pasea, a quien trabaja y a quien vendrá después. Y en Zaragoza, ese cuidado empieza —o se pierde— en los gestos más pequeños de cada día.


