Las familias del PSOE zaragozano, más alejadas que nunca y sin un claro referente
Las tensiones entre el “nuevo” socialismo de Pilar Alegría y la vieja guardia lambanista crecen mientras el PSOE zaragozano no tiene un referente claro de cara a las próximas elecciones.
Lo que durante años fue una pugna soterrada por cuotas de poder interno se ha convertido ahora en una brecha evidente entre las dos almas más llamativas del partido: la que se alinea con Pilar Alegría, que asume el papel de referencia del socialismo aragonés con presencia gubernamental en Madrid, y la que aún se mueve en la órbita del lambanismo y de los viejos pesos pesados de la organización.
La última asamblea de la agrupación de El Rabal fue algo más que una votación: ha funcionado como espejo. Allí, el dirigente socialista -que ejerce como asesor municipal- Eduardo Cariñena, respaldado por la ministra Alegría y por la portavoz municipal Lola Ranera, se impuso con claridad al concejal Horacio Royo, uno de los últimos rostros visibles del sector próximo a Javier Lambán y el entorno de Carlos Pérez Anadón. El resultado —56 votos frente a 26—, lo que deja poco margen para la interpretación aritmética, pero abre muchas lecturas políticas.
Para quienes estuvieron en la tensión de la disputa electoral, el ambiente tenía un punto de déjà vu: viejos militantes de toda la vida, gente joven que se ha incorporado en los últimos años, caras conocidas de la etapa más reciente y un murmullo constante cuando alguien pronunciaba las familias -o entornos políticos- que todo el mundo conoce: el sector oficialista de Alegría, los aún seguidores de las tesis de Lambán y la cuota municipal histórica que ejerce Pérez Anadón.
El giro de Ranera y la sombra de Pérez Anadón
En apenas unos meses, Lola Ranera ha pasado de ser vista como una de las dirigentes más próximas al expresidente Lambán a alinearse de forma clara con el espacio de Alegría. No es solo un movimiento personal: es el síntoma de por dónde sopla el viento en el PSOE aragonés.
Ranera necesita reconstruir su liderazgo en el Ayuntamiento a corto plazo y lo hace buscando amparo en quien hoy tiene más peso político tras el varapalo electoral que sufrió el lambanismo internamente. Sin embargo, el futuro de Lola Ranera está alejado del propio ayuntamiento.
Nadie autorizado en las filas del PSOE acredita que Lola Ranera repita como candidata a la alcaldía del Ayuntamiento de Zaragoza. Su futuro político está más encaminado a las Cortes de Aragón, tras más de una década en los pasillos del consistorio.
En la misma orilla de la política municipal del grupo socialista, Horacio Royo representa algo más que a sí mismo. Es, en cierto modo, la expresión visible de un sector que no quiere renunciar del todo a una forma de entender el partido, más pegada a los equilibrios de antaño y a una cultura interna donde la figura de Carlos Pérez Anadón sigue pesando.
“Pérez Anadón sigue marcando el paso de algunos sectores o agrupaciones zaragozanas que no quieren perder poder orgánico”, resumen varias voces socialistas. El problema, admiten algunas de ellas, es que esta batalla por el aparato no está acompañada de una reflexión seria sobre qué proyecto se quiere ofrecer a la ciudad.
Un partido mirando hacia dentro mientras Chueca crece hacia fuera
Mientras el PSOE ordena sus filas, la alcaldesa Natalia Chueca consolida su posición con encuestas que la sitúan rozando la mayoría absoluta. En la calle, la percepción es sencilla: el PP transmite una imagen de rumbo claro, mientras los socialistas aparecen como un partido más preocupado por sus equilibrios internos que por marcar agenda.
En el Ayuntamiento, el grupo municipal socialista intenta ejercer la oposición en un clima complicado. El desgaste de la etapa lambanista, el ruido en torno al concejal Gómez Gámez y las lealtades cruzadas dentro del propio grupo han dejado a Ranera en una posición incómoda.
De hecho, varias fuentes socialistas apuntan a que la vocación del PSOE en la ciudad de Zaragoza es la de buscar un candidato -o candidata- para las próximas elecciones que esté alejado de las dinámicas partidistas que ha vivido el grupo municipal en los últimos años de poder total del PP.
El calendario que mira a 2027
En este contexto, la ejecutiva regional prevista para este viernes -7 de noviembre- se percibe como el primer escalón de un calendario largo que apunta ya a unas posibles elecciones autonómicas de 2027. En teoría, el reto es construir un PSOE aragonés más cohesionado y con un relato reconocible; pero las disputas de poder y cuotas que se vive en el PSOE zaragozano lastran la intención de mantener la unidad en todo el partido.
En la práctica, muchos militantes sienten que el partido vive en un equilibrio extraño: por un lado, se presume de “controlar todas las agrupaciones locales”; por otro, cuesta encontrar una idea fuerza que conecte con los militantes, con los barrios y con quienes no tienen el carné en el bolsillo pero sí el voto en la mano.
Y mientras tanto, Zaragoza avanza, Chueca marca el ritmo y el PSOE se juega algo más que una ejecutiva o una agrupación: se juega demostrar que sigue siendo capaz de ofrecer una alternativa de futuro. Aunque de momento, el PSOE zaragozano está más pendiente de sí mismo que del futuro que quieren proyectar para la ciudad.

