León XIV recibe la cinta de la Virgen del Pilar en el Jubileo de la juventud en Roma

Más de un millón de jóvenes, entre ellos 5.000 aragoneses, participaron en el Jubileo en Roma, donde el Papa recibió una cinta con la medida exacta de la Virgen del Pilar.

León XIV recibe la cinta de la Virgen del Pilar en el Jubileo de la juventud en Roma ./ H.A
León XIV recibe la cinta de la Virgen del Pilar en el Jubileo de la juventud en Roma ./ H.A

En el marco del Jubileo de la Juventud celebrado en Roma, el Papa León XIV ha recibido un símbolo profundamente significativo para la fe española y, en particular, para el pueblo aragonés: una cinta de la medida de la Virgen del Pilar. Este símbolo entregado ha tenido lugar durante uno de los eventos centrales del jubileo, en una audiencia especial donde jóvenes de diversas partes del mundo se congregaron en la Plaza de San Pedro para compartir su fe y esperanza con el Santo Padre.

La medida de la Virgen del Pilar no es una simple cinta: se trata de una representación exacta de las dimensiones originales de la imagen venerada en la basílica de Zaragoza. Con una altura de 36,5 centímetros y colocada sobre una columna de jaspe de aproximadamente 1,70 metros, esta advocación mariana es uno de los símbolos religiosos más venerados de España, y la patrona de la Hispanidad.

La entrega se produjo en un ambiente solemne, pero también lleno de alegría juvenil, con la presencia destacada de más de 1 millón de jóvenes, entre ellos casi 5.000 aragoneses, que han viajado hasta Roma para participar en el Jubileo. Este número, confirmado por fuentes oficiales de la Diócesis de Zaragoza, convierte a esta delegación en una de las más numerosas presentes en el evento. Su presencia ha sido especialmente visible gracias a las banderas de Aragón, cánticos populares y camisetas conmemorativas que llenaron de color y tradición las calles adyacentes al Vaticano.

El Jubileo de la Juventud, convocado por el Papa León XIV como parte del Año Santo 2025, tiene como lema “Peregrinos de la Esperanza”, y pretende ser un espacio de renovación espiritual para los jóvenes en un mundo cada vez más fragmentado y secularizado. En este contexto, la entrega de la medida del Pilar tiene un valor simbólico doble: por un lado, representa la continuidad de la fe enraizada en la tradición, y por otro, es un recordatorio de que María sigue siendo faro de esperanza para las nuevas generaciones.

EL MENSAJE DE LEÓN XIV A LOS JÓVENES

Más de un millón de personas participaron este domingo en la multitudinaria misa que puso fin al Jubileo de los Jóvenes en Roma, presidida por el papa León XIV. Este evento, que ha congregado a jóvenes de todos los continentes durante una intensa semana de celebraciones, ha sido uno de los hitos más esperados del Año Santo 2025.

La misa tuvo lugar en una vasta explanada situada en las afueras de la capital italiana, donde también se han desarrollado las principales actividades del encuentro juvenil.

Desde el sábado por la tarde, miles de peregrinos comenzaron a concentrarse en el distrito romano de Tor Vergata, escenario ya conocido por haber acogido grandes concentraciones papales en el pasado. Esa noche, durante una vigilia de oración encabezada por el Papa, los organizadores cifraron en 800.000 los asistentes que acampaban bajo el cielo estrellado.

Veinticuatro horas después, el Vaticano confirmaba que la asistencia había superado el millón de personas, muchas de las cuales habían pasado la noche al raso, en sacos de dormir, colchonetas o tiendas improvisadas. La jornada del domingo transcurrió bajo un sol radiante y un ambiente de profunda espiritualidad. Jóvenes de diversas lenguas y culturas compartieron cantos, testimonios y oraciones en un clima de unidad y esperanza.

En su homilía, el papa León XIV, de 69 años, dirigió un mensaje cercano y exigente a los jóvenes:
«Hay una inquietud importante en el corazón humano, una sed de verdad que no podemos reprimir (...). ¿Qué nos libera del sinsentido, del aburrimiento, de la mediocridad?», planteó el pontífice.

Con un tono esperanzador, León XIV animó a los jóvenes a no conformarse con lo superficial ni con una vida cómoda, sino a buscar con valentía la plenitud.
«Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se resignen a lo mínimo, a lo tibio», exhortó.

Su mensaje fue acogido con aplausos y lágrimas por parte de muchos de los asistentes, visiblemente conmovidos por la intensidad espiritual del encuentro.

Este Jubileo de los Jóvenes ha sido, sin duda, uno de los eventos más multitudinarios e inspiradores del Año Santo, reforzando el protagonismo de la juventud en la vida de la Iglesia. Más allá de las cifras, lo que ha quedado patente es el deseo profundo de los jóvenes de encontrar sentido, comunidad y una fe viva que transforme sus vidas.

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