El pequeño pueblo de Zaragoza que está detrás del mayor genio español de supercomputación

De Zaragoza al liderazgo mundial: la historia del aragonés que dirige el Barcelona Supercomputing Center
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El pequeño pueblo de Zaragoza que está detrás del mayor genio español de supercomputación

En el mapa de Aragón hay pueblos pequeños que guardan historias inmensas. Uno de ellos es Alfamén, en la provincia de Zaragoza, con apenas 1.500 habitantes. Allí, en sus calles tranquilas y entre la vida sencilla del campo, nació en 1952 un niño que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores referentes mundiales de la supercomputación: Mateo Valero Cortés.

Hoy es director del Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), la institución que alberga el emblemático superordenador MareNostrum, uno de los más potentes de Europa. Es también uno de los científicos españoles más premiados de la historia en el ámbito tecnológico. Pero su trayectoria comenzó lejos de los grandes laboratorios, en una escuela pública de un pequeño pueblo zaragozano que, décadas después, lleva orgullosamente su nombre.

Un aragonés que salió del campo para conquistar la tecnología

Mateo Valero estudió Ingeniería de Telecomunicación en Madrid, en una época en la que hablar de supercomputadores sonaba casi a ciencia ficción. Tras doctorarse en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), inició una carrera académica marcada por un objetivo: diseñar procesadores y arquitecturas capaces de realizar millones de operaciones simultáneas.

Pronto se convirtió en catedrático de Arquitectura de Computadores y en un referente internacional en computación de altas prestaciones, un terreno dominado históricamente por grandes potencias tecnológicas como Estados Unidos o Japón. Su trabajo ha influido en procesadores desarrollados por compañías como Intel, IBM, HP, Sun o Cray, y su nombre aparece en más de 700 publicaciones científicas.

El creador del ecosistema de supercomputación en España

Aunque nació en un pequeño pueblo de Zaragoza, Mateo Valero ha construido en Barcelona un auténtico imperio científico.

Fue el impulsor de varios centros pioneros en computación paralela y de alto rendimiento: CEPBA (1990–1995), primer centro europeo especializado en paralelismo, C4 (1995–2000), foco de infraestructuras de supercomputación catalanas y CIRI (2000–2004), instituto de investigación conjunto entre la UPC e IBM.

Pero su gran obra llegó en 2004, cuando fundó el Barcelona Supercomputing Center, hoy la referencia europea en este ámbito. Bajo su dirección, el centro ha atraído talento de más de 50 países y ha situado a España en la primera línea de la investigación en supercomputación, inteligencia artificial, genómica, cambio climático y simulación médica.

MareNostrum: su creación más icónica

En el interior de Torre Girona, en Barcelona, se levanta un superordenador que ha dado la vuelta al mundo por su singular estética y, sobre todo, por su potencia. MareNostrum ha tenido varias versiones, cada una más avanzada que la anterior, y todas ellas han sido impulsadas bajo la visión científica de Valero.

Hoy es un nodo esencial del proyecto europeo de supercomputación, colaborando en investigaciones que van desde predecir el comportamiento de incendios forestales hasta diseñar nuevos fármacos o estudiar la evolución del clima.

Premios que lo sitúan entre los grandes del mundo

Los reconocimientos de Mateo Valero abarcan algunos de los galardones más prestigiosos en informática: Eckert-Mauchly Award (2007), considerado el “Nobel” de la arquitectura de computadores, Seymour Cray Award (2015), el premio mundial más importante en supercomputación, Charles Babbage Award (2017) por su trayectoria en computación paralela, Premios Nacionales de Investigación en dos ocasiones y el Premio Aragón (2008), uno de los mayores honores concedidos por su tierra.

Además, acumula varios doctorados honoris causa y forma parte de academias científicas internacionales.

Alfamén, siempre presente

Pese a su éxito global, Valero nunca ha perdido el vínculo con su pueblo natal. Ha sido nombrado Hijo Predilecto de Alfamén, y el colegio público lleva su nombre como homenaje a su trayectoria. Cada vez que regresa, los vecinos lo reciben con un orgullo. 

Mateo Valero no solo ha creado tecnología. Ha creado instituciones, escuelas de investigación y oportunidades para cientos de científicos. Su nombre está inscrito en la historia de la supercomputación mundial, pero también en la memoria de Aragón, como ejemplo de talento, esfuerzo y visión.

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