¿Qué es el 'chorro polar' que se avecina a Zaragoza? Estas son sus consecuencias

En España, este fenómeno atmosférico es habitual aunque poco conocido. Los meteorólogos lo consideran clave para entender el tiempo, las tormentas e incluso el impacto del cambio climático.

En países de latitudes medias como España existe un fenómeno meteorológico tan frecuente como desconocido: el chorro polar, también llamado jet stream. Se trata de una masa de aire frío en forma de corriente en chorro que circula en las capas altas de la atmósfera y que, pese a su invisibilidad, tiene un papel fundamental en el tiempo que vivimos en la superficie.

El frente atlántico que se desplaza por el tercio norte peninsular traerá consigo precipitaciones en Galicia y el Cantábrico, además de tormentas fuertes, localmente muy fuertes, con granizo en puntos de Baleares y el este de Cataluña, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

El chorro polar seguirá trazando importantes meandros a corto y medio plazo, lo que se traducirá en altibajos térmicos y precipitaciones tormentosas, más intensas y frecuentes en el centro, norte y Baleares. Esta atmósfera más dinámica anticipa la inminente llegada del otoño, que climatológicamente comenzará el lunes 1 de septiembre”, explica Samuel Biener, experto climático de Meteored.

Vientos a velocidades extremas

El chorro polar se mueve como un tubo de viento rápido, con rachas que oscilan entre los 130 y los 250 km/h, aunque en ocasiones puede superar esa cifra. No sigue una línea recta, sino que serpentea como un río con meandros, lo que provoca ondulaciones y remolinos en su recorrido.

“Es un elemento clave en la definición del tiempo atmosférico, ya que está detrás de los patrones de bloqueo, guía la trayectoria de las borrascas, alarga o reduce la duración de los vuelos transoceánicos y juega un papel en el cambio climático”, explica David Quintero Plaza, meteorólogo de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Este cinturón de aire circula entre los 9 y 12 kilómetros de altitud, en la frontera entre la troposfera y la estratosfera. Precisamente en esa franja vuelan los aviones comerciales, lo que explica su influencia en la aviación: con viento a favor, un vuelo puede alcanzar velocidades superiores a 300 km/h, pero en dirección contraria provoca resistencia, aumenta el gasto de combustible e incluso puede generar turbulencias severas.

Del huracán Sandy a las lluvias extremas

La magnitud de estas corrientes se reflejó en 2012, cuando uno de estos chorros arrastró al huracán Sandy hacia Nueva Jersey, con consecuencias devastadoras. Cada vez más estudios relacionan el chorro polar con los efectos del cambio climático.

Una investigación de 2022 sugiere que el calentamiento global está modificando la trayectoria de estas corrientes, provocando que fenómenos como las lluvias intensas se “estanquen” en una misma zona, con el consiguiente aumento de inundaciones y episodios extremos.

Corrientes en chorro sobre el Atlántico Norte
 
*Elaboración y diseño de HOY ARAGÓN
Altitud ~9–12 km · 130–250 km/h · Trayectorias idealizadas
Mapa © OpenStreetMap

Cómo se forman los chorros polares

Según la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA), la aparición de estas corrientes es el resultado de una interacción compleja entre la ubicación geográfica, los sistemas de alta y baja presión, las masas de aire cálido y frío y los cambios de estación. Por eso, su movimiento es difícil de predecir: puede variar en altitud, dividirse en ramificaciones o generar remolinos.

El chorro polar nace en latitudes altas, cerca de las regiones polares, y en ocasiones se desplaza hasta países como España. También puede encontrarse con otra corriente, la subtropical, más cálida y menos intensa porque se origina en zonas donde el contraste térmico es menor.

Para los meteorólogos, anticipar el comportamiento del jet stream es uno de los grandes retos de la predicción atmosférica. Su carácter sinuoso hace que pueda afectar de forma distinta a localidades muy próximas entre sí.

De ahí que este fenómeno, casi invisible para la mayoría, sea en realidad determinante para el clima, la seguridad aérea y la vida cotidiana en latitudes medias como la nuestra.

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