¿Por qué Zaragoza no puede convertirse en una auténtica ciudad-bosque? La petición a Chueca de Legado Expo

Un informe que revela lo que muchos ciudadanos percibían desde hace años: el pulmón verde de Zaragoza se está desangrando.
La primera ciudad bosque del mundo: así es Liuzhou, en China, donde absorberá 10.000 toneladas de CO2 al año / HOY ARAGÓN
La primera ciudad bosque del mundo: así es Liuzhou, en China, donde absorberá 10.000 toneladas de CO2 al año / HOY ARAGÓN

Zaragoza presume de ser una ciudad vanguardista, abierta al Ebro y con uno de los parques urbanos más singulares de España: el Parque del Agua Luis Buñuel, el gran legado de la Expo 2008. Sin embargo, esa postal idílica está cada día más lejos de la realidad. La pérdida masiva de arbolado, especialmente en la zona expo, ha encendido todas las alarmas. Y no de forma subjetiva: hay datos, hay mapas y hay una advertencia muy clara.

Este sábado, la Asociación Legado Expo Zaragoza ha hecho público un informe que revela lo que muchos ciudadanos percibían desde hace años: el pulmón verde de Zaragoza se está desangrando. Y lo hace en silencio, árbol a árbol.

“No pedimos imposibles, pedimos árboles”

La entidad, presidida por Francisco Pellicer —uno de los directores adjuntos de la Expo 2008—, reconoce la campaña municipal emprendida por Natalia Chueca, e incluso la aplaude, con el objetivo de reponer 2.000 árboles en distintos puntos de la ciudad. Pero insiste en que esta cifra, aunque positiva, se queda muy corta: “Con más de 170.000 árboles en la ciudad, esas reposiciones apenas cubren las bajas naturales de un año. Zaragoza necesita ambición, no mínimos”.

El mapa del Parque del Agua que es señalado por Legado Expo: faltan árboles
El mapa del Parque del Agua que es señalado por Legado Expo: faltan árboles / Legado Expo

Para Legado Expo, el gran objetivo debe ser convertir Zaragoza en una ciudad-bosque, una urbe donde sombra, biodiversidad y salud ambiental no sean un lujo, sino una seña de identidad. Un modelo perfectamente compatible con el clima semiárido, la creciente isla de calor y las superficies duras que caracterizan la capital aragonesa.

“Queremos sumar, no confrontar”

La asociación subraya un mensaje de absoluta colaboración con el Ayuntamiento de Natalia Chueca: “Queremos ayudar. Estamos dispuestos a aportar datos, ideas y trabajo. Solo pedimos que se nos escuche”. Según explican, han solicitado en varias ocasiones reunirse con responsables municipales, pero aún no han obtenido respuesta.

El punto más crítico es, sin duda, el Parque del Agua Luis Buñuel, 120 hectáreas de naturaleza urbana que deberían ser un oasis fluvial… y que hoy reflejan abandono. Tras un inventario exhaustivo, la asociación ha documentado 839 árboles desaparecidos respecto al arbolado original plantado en 2008. Un dato demoledor que han cartografiado con un plano repleto de puntos rojos señalando cada alcorque vacío.

“La acumulación de vacíos es tan abrumadora que debería avergonzar a quienes tienen la obligación de conservar este espacio”, denuncia Legado Expo.

El deterioro no afecta solo al arbolado. Los canales del parque, antaño uno de sus elementos más atractivos, sufren tal acumulación de materia orgánica que, según Pellicer, “en un año empezarán a oler a podrido”, comprometiendo por completo la filtración natural y el equilibrio ecológico del recinto.

La asociación también lamenta que el plan de reposición municipal no incluya actuaciones específicas en este parque: “Parece que los alcorques van por un lado y los parques por otro”.

Más que una queja: una propuesta de futuro

Legado Expo entregará formalmente al Ayuntamiento el plano con los árboles perdidos, acompañado de tres peticiones claras: reponer el arbolado desaparecido, reforzar el mantenimiento y la gestión hídrica y evitar que el Parque del Agua continúe en un abandono que consideran institucionalizado.

Y lo harán con tono constructivo, lejos de un discurso de confrontación: “Nuestro compromiso es con Zaragoza y su futuro verde. No exigimos milagros: solo pedimos árboles”.

¿Y si Zaragoza fuera un bosque urbano?

La pregunta que lanza la asociación no es un eslogan, sino un reto posible. Ciudades del mundo entero —desde Copenhague a Melbourne— están transformando su planificación urbana para que los árboles sean infraestructuras esenciales, no meros adornos. Zaragoza, con su río, su clima extremo y sus grandes vacíos urbanos, tiene la oportunidad de liderar en España la idea de ciudad-bosque.

El concepto de ciudad-bosque propone integrar la naturaleza como una infraestructura esencial, no como un simple adorno urbano. Se basa en un principio claro: los árboles deben ser tan importantes como las calles, los edificios o el transporte. Este tipo de ciudad utiliza una alta densidad de vegetación —en parques, calles, edificios, azoteas y patios interiores— para mejorar la calidad del aire, reducir el ruido, regular la temperatura y devolver espacio a la biodiversidad.

El ejemplo de Lizhou: 40.000 árboles en plena ciudad

Uno de los ejemplos más ambiciosos es el proyecto de Lizhou, en China, diseñado por el estudio del arquitecto Stefano Boeri. Allí está prevista la plantación de 40.000 árboles y casi un millón de plantas de más de un centenar de especies, capaces de absorber alrededor de 10.000 toneladas de CO2 al año, depurar otros 57.000 kilos de contaminantes atmosféricos y generar aproximadamente 900 toneladas de oxígeno.

La vegetación se integrará en viviendas, oficinas, centros educativos, hoteles y espacios sanitarios, formando un ecosistema urbano que actúa como barrera acústica, regulador térmico y refugio para aves, insectos y fauna pequeña.

Estos entornos funcionan con sistemas energéticos renovables: climatización geotérmica, paneles solares y movilidad eléctrica con carriles preferentes. Según los cálculos del estudio de Boeri, en 2030 un 60% de la población mundial vivirá en ciudades y estas ya consumen el 75% de los recursos del planeta y generan más del 70% de las emisiones globales de CO2. Las ciudades-bosque responden precisamente a este reto: convertir el urbanismo en un aliado del clima, no en su enemigo.

Otros proyectos similares están emergiendo en Milán, Utrecht o Singapur, donde los rascacielos vegetales y las infraestructuras verdes se están volviendo parte de la identidad urbana. Son ejemplos de cómo las ciudades pueden transformarse en espacios más habitables, resilientes y saludables, y marcan un camino que urbes como Zaragoza podrían explorar con mucha más ambición.

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