Imágenes | Este es el rito más antiguo de Zaragoza y se hace en una cripta milenaria
Zaragoza revive cada 3 de noviembre uno de sus ritos más antiguos y cargados de simbolismo: la renovación del voto de cera a Santa Engracia, una ceremonia que se remonta al siglo XV y que ayer volvió a presidir la alcaldesa Natalia Chueca en nombre de toda la ciudad.
El escenario no puede ser más singular: la cripta milenaria de Santa Engracia, uno de los espacios con más historia de Zaragoza, vinculada al culto a los mártires desde época romana. Allí, entre restos arqueológicos y muros que han sobrevivido a siglos de transformaciones urbanas, el Ayuntamiento renueva cada año un compromiso que se mantiene vivo desde 1480, cuando Santa Engracia fue proclamada patrona de la ciudad.
Un cirio encendido en las fechas clave
El rito del voto de cera es sobrio pero lleno de significado. La ceremonia incluye el adornado de la cripta y del monumento a los mártires, y la ofrenda de un gran cirio por parte del Consistorio. Esa vela, símbolo de la luz de la fe y de la protección de la santa sobre Zaragoza, permanece encendida durante las jornadas más significativas del año litúrgico.
Tras la misa, se mantiene otra de las tradiciones más singulares de esta jornada: los feligreses reciben un clavo de chocolate, que recuerda el martirio de Santa Engracia, atravesada según la tradición por un clavo en la frente. Es un gesto sencillo, pero que conecta a los asistentes con un relato que combina historia, culto y leyenda.
De mártir del siglo IV a patrona de Zaragoza
La figura de Santa Engracia se sitúa en los orígenes mismos del cristianismo hispano. Su martirio se fecha tradicionalmente en el siglo IV, aunque los historiadores discrepan sobre el momento exacto. Durante siglos se creyó que murió en la persecución del emperador Diocleciano, hacia el año 303, pero los estudios actuales la vinculan a las persecuciones de Valeriano (253-260), contemporánea de otros mártires como San Fructuoso (Tarragona), San Lorenzo (Roma) o San Cipriano (Cartago).
No murió decapitada, como recogieron algunas versiones populares, sino a consecuencia de las torturas que sufrió por negarse a renunciar a su fe. El poeta cristiano Prudencio narró su pasión en el poema Peristephanon, donde describe con crudeza los tormentos que padeció.
Con el paso del tiempo, la tradición enriqueció el relato: Engracia pasó a ser una joven de Braga (Portugal) que viajaba al Rosellón para casarse con un jefe militar romano. En su camino, se detuvo en Zaragoza y allí fue apresada por el gobernador Daciano. La leyenda cuenta que fue arrastrada por caballos, desgarrada con uñas de acero, mutilada y, finalmente, atravesada con un clavo en la frente.
Un culto que cruzó océanos
Alrededor de Engracia y de los llamados mártires de Zaragoza se desarrolló un importante culto. La memoria de los cuerpos se perdió durante siglos, hasta que fueron hallados de nuevo en el siglo XIV, dando origen a la devoción que cristalizaría en la actual Basílica de Santa Engracia.
En 1480, el Concejo de Zaragoza la proclamó patrona de la ciudad, y desde entonces la corporación municipal mantiene el voto de cera como signo de gratitud y protección. Su devoción se extendió por España, Portugal y América, y en 1999 el calendario diocesano trasladó su fiesta del 16 de abril al 3 de noviembre, fecha en la que hoy se celebra la ceremonia.
Cada año, cuando se desciende a la cripta y deposita el cirio, Zaragoza no solo cumple con una tradición de más de cinco siglos: se reconoce a sí misma en una historia compartida, tejida entre piedra antigua, fe popular y memoria colectiva. En pleno siglo XXI, el voto de cera demuestra que aún hay ritos capaces de unir a una ciudad alrededor de sus raíces más profundas.


