Zaragoza para millennials: Cuando en el Parque Bruil malvivían unos osos llamados Juan y Nicolasa

Hasta 1984, en el Parque de Bruil hubo un mini zoo donde malvivían varias especies de animales salvajes en jaulas minúsculas y sin los cuidados necesarios.
La osa malvivía en un espacio reducido y sin apenas cuidado / Gran Archivo Zaragoza Antigua
La osa malvivía en un espacio reducido y sin apenas cuidado / Gran Archivo Zaragoza Antigua

Vivimos en una época, en la que por suerte, se ha avanzado mucho en la protección del medio ambiente, y en particular, en la protección de los animales. Con sus luces y sus sombras, por supuesto... Pero basta echar un vistazo atrás para comprobar todo lo que hemos avanzado en lo que respecta a la concienciación social. 

Un buen ejemplo son los animales salvajes que vivían en estado de cautividad no hace tantos años en el parque de Bruil de Zaragoza. Este parque, uno de los espacios verdes históricos de la capital aragonesa está situado entre entre la muralla de ladrillo que defendió Zaragoza durante Los Sitios y el río Huerva, este parque que lleva su nombre en honor de Juan Faustino Bruil, un importante hombre de negocios y banquero del siglo XIX que fue ministro de Hacienda de 1855 a 1866.

El actual parque acogió en los años 20 y 30 un campo de fútbol, después fue canódromo. Y tras ser inaugurado como parque municipal a mediados de los años 60, este espacio verde acogió una especie de mini zoo que realmente fue un auténtico parque de los horrores a causa de las condiciones de vida de los animales que allí malvivían, y por los malos tratos que algunos zaragozanos les daban. 

UN MINI ZOO CON UNAS CONDICIONES LAMENTABLES

Los que peinamos algunas canas, todavía recordamos el triste espectáculo de unos animales que apenas tenían espacio para vivir, y el nauseabundo olor que inundaba ese espacio. En jaulas de reducido tamaño, y sin apenas atención veterinaria, vivieron leones, zorros, monos, un jabalí, y los que fueron las "estrellas" de ese mini zoo, una pareja de osos bautizados como Juan y Nicolasa. La pareja fue traída desde Barcelona por el Ayuntamiento de Zaragoza. 

Cuando yo conocí esa aberración, tan solo estaban los osos. O al menos, es lo que yo recuerdo.

Pero sí que recuerdo la tristeza de verlos encerrados en una jaula en la que apenas había espacio para que pudieran moverse.

La pareja tuvo varias camadas, aunque ninguna de las crías sobrevivió. Probablemente, el propio oso acabó con la vida de algunas de algunas de esas crías, ya que en estos casos, a los osos macho se les suele separar para proteger a la camada. 

El oso Juan murió, seguramente envenenado por algún salvaje. Y la osa, fue el último de los animales que sobrevivió a esa aberración de zoológico. Tuerta de un ojo tras un perdigonazo, la osa vivió en cautividad hasta el 22 de diciembre de 1984, cuando el pobre animal fue trasladado al Ríoleón Safari, en la provincia de Tarragona, donde vivió unos años más en mejores condiciones de vida de la que le había proporcionado Zaragoza. 

Las crónicas de la época explican que el resto de animales no tuvieron un final muy feliz. Un pavo real fue degollado, una leona murió de raquitismo, y el jabalí, cuando creció demasiado, fue abatido en una cacería organizada por el propio ayuntamiento de la ciudad en este parque. La carne, fue servida a los ancianos de la Casa de Amparo. 

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