Zaragoza tiene una estatua de tres cabezas y hace la función de Google Maps
El casco antiguo de Zaragoza esconde una escultura de tres cabezas que muchos pasan por alto, pero que orienta como un GPS señalando los puntos clave de la ciudad.
En pleno casco antiguo de Zaragoza, donde las calles estrechas conservan la memoria de siglos, se oculta una de las esculturas más singulares y menos comprendidas de la ciudad: una figura de tres cabezas que mira en direcciones distintas y cuya historia resulta tan enigmática como su presencia. Muchos pasan por la plaza de Santa Marta sin advertirla; otros la observan con desconcierto. Y no es extraño: la pieza nunca fue bautizada oficialmente y su significado se ha ido diluyendo con el paso del tiempo.
Una obra nacida de un proyecto que transformó la ciudad
El origen de esta escultura se remonta al ambicioso proyecto Zaragoza 1992, una iniciativa municipal que impulsó la renovación de numerosas plazas y espacios públicos en la capital aragonesa. En ese contexto de modernización urbana, los arquitectos Carmen Pemán y Gregorio Mellado, encargados de remodelar la plaza de Santa Marta, decidieron incorporar arte contemporáneo al nuevo diseño del espacio.
La artista seleccionada fue la neoyorquina Lennie Bell, que ya había expuesto en Zaragoza dos años antes y mantenía vínculos con la ciudad. Sin embargo, el encargo nació condicionado: contaba con apenas tres meses para completarlo, debía adaptarse a un espacio muy reducido y a un suelo irregular. En esas circunstancias, Bell concibió un triple busto de bronce sobre un pedestal de piedra arenisca de Sepúlveda, decorado con relieves ondulados y dos pies descalzos tallados en su base.
Tres cabezas para interpretar un lugar
La escultora decidió que la obra reflejara las dos grandes características del entorno: su intensa vida social —alimentada por bares y tabernas— y su privilegiada ubicación, a espaldas de La Seo. Para conseguirlo, creó tres rostros orientados hacia puntos estratégicos de la plaza. Uno mira hacia la calle Mayor; otro, hacia la propia catedral del Salvador; y el tercero hacia el Palacio de la Real Maestranza de Caballería.
El resultado es una pieza que cumple una función inesperada: orientar, casi como un mapa tridimensional. No es una obra monumental ni pretende imponerse sobre el visitante; al contrario, se mimetiza con el entorno y ofrece referencias visuales que ayudan a entender la topografía histórica del barrio. De ahí que muchos la describan hoy como una especie de Google Maps escultórico, décadas antes de que existiera la tecnología que usamos para orientarnos.
Una obra valiosa… pero deteriorada
Pese a su singularidad, la escultura no ha tenido una vida fácil. Su ubicación discreta, unida al poco tiempo que la artista tuvo para desarrollarla, contribuyó a que pasara inadvertida durante años. Hoy, su estado refleja ese abandono: el bronce muestra signos de desgaste y el pedestal sufre daños por grafitis y suciedad. Aun así, la idea original de Bell permanece intacta y sigue dotando al espacio de un punto de interés que mezcla historia, arte contemporáneo y una curiosa vocación señalética.
Lejos de ser una pieza anecdótica, la escultura de las tres cabezas es un recordatorio del periodo en el que Zaragoza experimentaba con nuevas formas de entender el espacio público. Un arte que no solo decora, sino que invita a mirar, interpretar y orientarse en uno de los rincones más antiguos de la ciudad.

