Rebelión en el PSOE Aragón: cinco dirigentes rechazan ir de relleno en las listas de Pilar Alegría
La fotografía del comité regional del PSOE-Aragón escondía más de lo que mostraba. Bajo la aprobación formal de las candidaturas para las elecciones autonómicas del 8 de febrero, se produjo un movimiento silencioso pero elocuente: hasta cinco dirigentes socialistas han rechazado figurar en las listas diseñadas por Pilar Alegría. No es un matiz menor. Es la confirmación de que la reordenación interna del partido no solo expulsa perfiles: también provoca deserciones voluntarias.
Una purga con doble lectura: salen… y otros dicen no
El relato oficial habla de renovación, equilibrio territorial y peso orgánico. El no oficial, de una ruptura definitiva con el lambanismo. A las salidas ya conocidas de perfiles históricos se suma ahora un dato clave: cinco miembros del PSOE de Aragón han declinado ocupar puestos en las listas, al considerar que se trataba de posiciones sin opciones reales de escaño.
Entre ellos están Leticia Soria, portavoz adjunta del grupo socialista en las Cortes y portavoz municipal en Tarazona, y otros dos diputados por Zaragoza: Sergio Ortiz, alcalde de Cariñena, y Pilimar Zamora. Los tres habrían rechazado integrarse en lo que internamente se percibe como “puestos de relleno”, en un contexto donde el propio partido asume que difícilmente superará los 10 escaños en la provincia de Zaragoza.
A este bloque se suman otros dos diputados por Teruel, que también se negaron a figurar en las candidaturas, profundizando el aislamiento del sector vinculado al expresidente Javier Lambán.
“Humillante”: la palabra que rompe el silencio
De todos los rechazos, solo uno ha trascendido públicamente. Leticia Soria calificó de “humillante” -adelanta Heraldo de Aragón- el ofrecimiento de ocupar el puesto 13 en la lista por Zaragoza, una posición sin opciones reales de representación. Su reacción pone voz a un malestar que otros han optado por gestionar en silencio.
Tanto Sergio Ortiz como Pilimar Zamora han evitado hacer declaraciones públicas, en una estrategia que apunta más a cerrar etapa que a abrir una guerra abierta con la nueva dirección. Pero el gesto —decir no— pesa más que cualquier comunicado.
Alegría consolida mando y asume el coste
La lectura política es clara: Pilar Alegría no solo ha rediseñado las listas; ha asumido el coste de hacerlo. Desde que tomó el control del partido sin primarias, tras la retirada de Darío Villagrasa, la actual secretaria general ha avanzado hacia un modelo de dirección compacta, sin contrapesos internos visibles. Donde la purga es más que clara y la crítica interna no tiene hueco.
El único gesto hacia el antiguo equilibrio ha sido precisamente ese: mantener a Villagrasa como número dos, pese a haber sido su rival en el proceso interno. Más allá de esa integración puntual, no hay concesiones al lambanismo. Ni simbólicas, ni aritméticas.
Jubilaciones y salidas políticas: una frontera deliberadamente difusa
La dirección ha tratado de mezclar los planos para amortiguar el impacto. Junto a las salidas políticas, se subrayan las jubilaciones de históricos como Carlos Pérez Anadón o Daniel Alastuey, exsecretario general de UGT Aragón. Dos nombres con peso orgánico y sindical que abandonan la primera línea por razones de ciclo vital.
La combinación no es casual: permite explicar el cambio como renovación generacional, aunque en la práctica se trate también de una limpieza ideológica y de lealtades.
Un PSOE en situación límite
Nada de esto ocurre en el vacío. El PSOE aragonés llega a estas elecciones en una situación crítica: fuera del Gobierno autonómico, con un adelanto electoral forzado por la falta de acuerdo presupuestario del Ejecutivo de Jorge Azcón y con una campaña comprimida en el calendario.
En ese contexto, la apuesta de Alegría es más que evidente: control interno absoluto para evitar ruido. Listas cerradas, aparato fuerte, liderazgo claro. El precio es evidente: pérdida de pluralidad interna y desmovilización potencial de sectores históricos.




