El pueblo de Aragón muy poco conocido que tiene 7 ermitas y 4 palabras
Entre olivos, arcadas medievales y una sorprendente colección de ermitas, se levanta uno de los pueblos más singulares —y discretos— de Aragón: Belmonte de San José, en el Bajo Aragón turolense. Apenas 130 habitantes custodian un patrimonio que, lejos de su tamaño diminuto, esconde tres Bienes Catalogados y un legado cultural que abarca músicos, escritores, científicos y una arquitectura rural única.
Un nombre con cuatro palabras y 800 años de historia
El primer documento que menciona el lugar data de 1232, cuando Jaime I de Aragón otorgó la Carta Puebla a “Belmonte”. Su apellido actual, de San José, llegó mucho más tarde. En 1916, un Real Decreto obligó a distinguirlo de otro Belmonte, añadiendo el topónimo Mezquín. Hoy, su nombre completo conserva nada menos que cuatro palabras que resumen ocho siglos de historia y frontera.
El Ayuntamiento y las ‘Casas Consistoriales’
La ruta por el casco urbano arranca frente al Ayuntamiento, un edificio renacentista que forma parte de las llamadas Casas Consistoriales, una tipología única de la arquitectura civil aragonesa. Bajo su lonja, un azulejo recuerda su valor histórico.
Al caminar por sus calles, la piedra, las arcadas y los portales conservan el trazado urbano del siglo XIX, cuando las murallas interiores aún protegían el núcleo del pueblo.
La sorprendente abundancia de ermitas ha convertido a Belmonte de San José en “el pueblo de las siete ermitas”, un título que contrasta con su reducido tamaño. La más conocida es la ermita del Calvario, situada en el monte que domina el valle del Mezquín. Desde allí, la panorámica del Bajo Aragón es sencillamente abrumadora.
Uno de los mejores órganos barrocos de Aragón
Otro tesoro se esconde en la iglesia parroquial del Salvador. Detrás de una fachada austera, descansa uno de los mejores órganos barrocos aragoneses, perfectamente conservado gracias a la protección de los vecinos durante la Guerra Civil. Restaurado en 2007, hoy sigue siendo motivo de visita cultural y musical.
En una de las calles principales se encuentra la casa natal del periodista y escritor Juan Pío Membrado, un edificio fotografiado por un curioso detalle: la ‘reja parlante’, un enrejado con inscripciones que los vecinos consideran un mensaje silencioso del pasado.
Belmonte también guarda una de las neveras o pozos de hielo más grandes del Bajo Aragón, construida en 1636. Bajo tierra, este impresionante almacenamiento servía para conservar nieve y vender hielo durante los meses cálidos.
Paisajes protegidos: el Mezquín y sus molinos
El entorno natural forma parte del fascinante encanto del pueblo. El Río Mezquín y los Oscuros han sido declarados Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Sus bosques de ribera permiten senderos señalizados que cruzan puentes antiguos y se adentran en los restos de antiguos molinos harineros, testigos del pasado económico de la comarca.
Vecinos y colectivos trabajan para que más elementos patrimoniales sean protegidos como Bien de Interés Cultural, conscientes de que su pueblo atesora mucho más de lo que parece. Porque Belmonte de San José no solo se visita: se descubre, despacio, en sus detalles, en su silencio y en su piedra centenaria.

