Sara Dobarro, neurocientífica: "Estamos interpretando mal muchas conductas"
La irritabilidad de un niño en clase. La desconexión de un adolescente frente a los libros. La rigidez de un profesional ante un cambio en la empresa. La pérdida de foco en un equipo sometido a presión. Conductas que, con frecuencia, se interpretan como falta de compromiso, mala actitud o desmotivación. Sin embargo, para la neurocientífica Sara Dobarro, esta lectura puede estar equivocada.
"Estamos interpretando mal muchas conductas", afirma. Y matiza que, en muchos casos, lo que se etiqueta como un problema de actitud es, en realidad, un signo de "saturación neurológica".
Dobarro sostiene que el error parte de una mirada excesivamente moral o voluntarista del comportamiento humano. Se tiende a pensar que si alguien no rinde, no coopera o no responde como se espera es porque no quiere. "Pero el cerebro no funciona así", explica. Desde su perspectiva, tanto en el ámbito educativo como en el profesional, se está ignorando un importante factor: el estado del sistema nervioso.
Cuando una persona, sea un niño, un adolescente o un adulto, se encuentra bajo un nivel elevado y sostenido de estrés, su sistema nervioso entra en modo de alerta. En esa situación, el cerebro prioriza la supervivencia y el control. "No prioriza el aprendizaje. No prioriza la cooperación. No prioriza la creatividad", subraya la experta.
Este cambio de prioridades no es consciente ni voluntario. Es biológico. Ante una percepción de amenaza, que puede ser un exceso de tareas, presión constante, conflictos o sobreestimulación, el cerebro activa mecanismos defensivos. El resultado puede manifestarse en forma de irritabilidad, desconexión emocional, dificultad para concentrarse o resistencia al cambio.
"UN CEREBRO REGULADO"
En equipos sometidos a exigencias crecientes, objetivos ajustados y disponibilidad permanente, la pérdida de foco o la rigidez ante nuevas propuestas pueden no ser síntomas de falta de implicación, sino de agotamiento neurológico. "Un cerebro saturado no rinde mejor porque le exijamos más. Rinde mejor cuando está regulado", afirma.
Desde esta perspectiva, aumentar la presión ante una bajada de rendimiento podría ser contraproducente. Antes de exigir más, la neurocientífica propone una pregunta básica: "¿Está este cerebro en condiciones de responder?".
Dobarro defiende que la educación del presente y la empresa del futuro necesitan una mirada más neurobiológica y menos reactiva. Esto implica comprender cómo influyen el estrés, la carga mental y la falta de descanso en la capacidad de aprendizaje, toma de decisiones y colaboración.

