Volver del Pirineo y sin ser hora punta: tráfico paralizado y Sabiñánigo bloqueado
Volver del Pirineo un festivo debería ser un trayecto tranquilo si se elige una hora “valle”, lejos de las típicas operaciones retorno de última hora. Sin embargo, este puente ha vuelto a demostrar que, en la práctica, esa franja segura no existe. Ni a las 13.30. Ni mucho antes.
Desde primera hora de la tarde, la carretera de vuelta hacia Zaragoza se convirtió en un embudo. Las retenciones kilométricas se fueron concentrando en el mismo punto de siempre: el tramo sin desdoblar de la N-330 y la A-23 entre Sabiñánigo, Hostal de Ipiés y Lanave, la puerta obligada de salida para miles de vehículos que bajan del Pirineo aragonés tras disfrutar de la nieve o de unos días de descanso.
Un tramo de 10 minutos convertido en 60
La fotografía del problema cabe en unos pocos kilómetros. Por un lado, los ocho kilómetros sin desdoblar que separan la rotonda final de la autovía en Sabiñánigo de la zona de Hostal de Ipiés y Lanave. Por otro, los tres kilómetros de la variante de Sabiñánigo en la A-23 y varios kilómetros más de vía sin desdoblar en el entorno de la capital del Alto Gállego, hasta la confluencia con la A-136, la carretera que sube al valle de Tena.
Sobre el papel, recorrer este tramo debería suponer unos 10–12 minutos de conducción normal. Este domingo, muchos conductores necesitaron alrededor de 60 minutos para cubrir la misma distancia. Una caravana interminable, a velocidad de marcha lenta, con constantes paradas y arranques, y con la sensación de que el atasco aparecía “de la nada” en una hora en la que nadie esperaba semejante embotellamiento.
Obras... y una sensación de abandono
A la masiva afluencia de vehículos procedentes del Pirineo se suma un factor clave: las obras activas en la zona que complicaban la circulación. La combinación de carriles reducidos, señalización de obra y tráfico intenso fue suficiente para colapsar el corredor.
Un viajero relata a este diario que el tráfico era "muy lento, pero nunca completamente detenido", con largas colas tanto en la travesía y accesos de Sabiñánigo como en la conexión hacia la autovía.
Lo que más le sorprendió, explica, fue la ausencia de presencia visible de la Guardia Civil de Tráfico a lo largo del tramo conflictivo. “Ni un dispositivo especial, ni agentes regulando las salidas, ni patrullas gestionando las incorporaciones”, lamenta, en una queja amarga sobre la falta de previsión en uno de los puntos negros habituales de la red viaria aragonesa.
Sabiñánigo, bloqueado dentro y fuera
El tapón no se limita a la zona de enlace entre la N-330 y la A-23. El propio casco urbano de Sabiñánigo se vio también colapsado. Las calles de acceso y salida hacia la autovía, así como las rotondas principales, registraron parones continuos, dificultando tanto a quienes regresaban del Pirineo como a los vecinos de la localidad que intentaban desplazarse dentro del municipio.
Lo sucedido este lunes no es un episodio aislado. Cada puente, cada inicio y fin de temporada de esquí y cada festivo de alta ocupación turística repiten el mismo patrón: atascos kilométricos en el tramo sin desdoblar entre Sabiñánigo y Hostal de Ipiés, donde la autovía se estrecha y el flujo masivo de coches se ve obligado a convivir con obras, climatología adversa y una infraestructura claramente insuficiente para la demanda actual.

