Giro silencioso en el Real Zaragoza: el plan para crear una estructura técnica para siempre

El club tiene marcada en su hoja de ruta una idea que apunta al corazón de su funcionamiento

En el Real Zaragoza se prepara un cambio menos visible que un fichaje… pero mucho más determinante a medio plazo. Mientras la urgencia del primer equipo se come titulares, el club tiene marcada en su hoja de ruta una idea que apunta al corazón de su funcionamiento: crear una estructura técnica propia y permanente, una comisión deportiva que no dependa de los vaivenes del banquillo ni de los cambios en la dirección deportiva.

El plan, según publica Jorge Rodríguez en SPORT ARAGÓN, y tal y como se ha ido trasladando en los últimos días, pasa por levantar un departamento estable, capaz de trabajar en consenso alrededor del tándem que hoy conduce la parcela deportiva: Txema Indias y Toni Acosta. La clave está en lo que viene detrás: que ese equipo sea una base de club, un soporte fijo que permanezca al margen de los ciclos y que permita que el Zaragoza no tenga que “reinventarse” cada temporada.

Un hueco demasiado grande en un área históricamente débil

Para entender el movimiento hay que mirar atrás. En Zaragoza, la estructura deportiva ha sido durante años una zona frágil, con demasiadas etapas improvisadas y pocas certezas internas. Y ese vacío se hizo todavía más evidente tras la salida de Álex Monserrate y Jorge Ripollés, figuras que dejaron un área deshabitada en un momento delicado.

La sensación, dentro y fuera del club, es que el Zaragoza necesita algo más que nombres puntuales: necesita método, continuidad y criterio. Una red real de analistas, ojeadores y perfiles técnicos que no cambien con el viento y que ayuden a sostener el proyecto incluso cuando haya crisis deportivas.

La cantera, en el centro del terremoto

La comisión deportiva no llega sola. Forma parte de un tablero más amplio en el que el club asume que La Ciudad Deportiva necesita una reformulación profunda. Ese proceso se activó el 13 de noviembre de 2025 con la llegada de David Navarro, un primer paso que en el club se interpreta como troncal. Y al que, según el propio plan interno, le seguirán más movimientos.

En la cantera hay un diagnóstico que escuece: cuando la actual propiedad desembarcó en 2022, una de sus promesas fue cuidar la base como emblema. Se habló de “academia”, se renovó a Francho Serrano, Alejandro Francés e Iván Azón como símbolos del futuro. Tres años después, el balance duele: solo Francho mantiene esa bandera, y en la grada se ha instalado la idea de que el Zaragoza ha sufrido un expolio de talento sin precedentes.

Ese contexto explica por qué la reestructuración no se limita a una figura o a un cambio de despacho: es una cuestión de identidad, de patrimonio deportivo… y de supervivencia.

El futuro de Ramón Lozano, en el aire

En paralelo, una de las piezas históricas de La Ciudad Deportiva aparece ahora bajo sospecha de cambio. Ramón Lozano, director de cantera, finaliza contrato esta temporada y el runrún dentro del zaragocismo es claro: su continuidad no está garantizada. Incluso hay voces internas que no descartan un desenlace antes de que acabe el curso.

Es una grieta más en un edificio que el Zaragoza quiere reforzar con urgencia: estructuras y personas, sí, pero sobre todo un modelo que no se caiga a la primera sacudida.

Infraestructuras, ojeo y una idea: crear un Zaragoza “con memoria”

En la reciente reunión con la Federación de Peñas, Juan Forcén y Fernando López dejaron otra pista de fondo: el club contempla mejoras próximas en infraestructuras y, sobre todo, la intención de construir una estructura técnica propia. Una red estable de ojeadores y analistas, capaz de detectar talento fuera, pero también de conservar y potenciar el talento aragonés, una de las obsesiones históricas del zaragocismo.

El objetivo es sencillo de explicar y difícil de ejecutar: que el Zaragoza tenga memoria. Que el club trabaje con una lógica continuista, con una brújula interna, y no al ritmo del incendio semanal.

Porque si algo ha aprendido el Zaragoza en estos años es que, sin estructura, el proyecto siempre acaba empezando de cero. Y esta vez quiere empezar por dentro.

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