Cincomarzada: ¿debería seguir siendo la gran fiesta de Zaragoza?
La celebración del Cinco de Marzo en Zaragoza no es simplemente una fiesta más en el calendario. Su origen representa la lucha de un pueblo que se levantó en defensa de la legalidad constitucional y de sus propios ideales de libertad. Sin embargo, con el paso del tiempo, la pregunta que surge es: ¿debería seguir siendo la gran fiesta de Zaragoza?
El 5 de marzo de 1838, en plena guerra civil entre liberales y carlistas, Zaragoza se convirtió en el escenario de una batalla inesperada. La madrugada de aquel día, las tropas carlistas al mando de Juan Cabañero intentaron tomar la ciudad por sorpresa, pero encontraron la feroz resistencia de sus habitantes, quienes, con lo que tenían a su alcance, desde muebles hasta tejas y aceite hirviendo, lograron repeler el ataque. La victoria fue reconocida por la regente María Cristina, quien otorgó a Zaragoza el título de "Siempre Heroica" y añadió las ramas de laurel a su escudo en honor a la valentía de sus ciudadanos.
Pero, a pesar del heroísmo demostrado en aquel episodio, ¿tiene sentido que la gran fiesta de Zaragoza conmemore una guerra civil? Es una cuestión legítima. En una sociedad que busca la unidad y la convivencia, mantener una efeméride que simboliza una contienda fratricida puede no ser la mejor opción.
Además, el Cinco de Marzo ya no se celebra con el mismo espíritu con el que se instituyó la festividad. En la actualidad, ha perdido parte de su significado histórico y se ha convertido en un evento que muchos ven más como una jornada festiva y reivindicativa que como una conmemoración de aquella gesta heroica.
En contraste, hay eventos en la historia de Zaragoza que sí representan un sentimiento de unidad e identidad colectiva, como los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia en 1808 y 1809. A diferencia del 5 de marzo, los Sitios fueron una lucha épica contra un invasor extranjero y están en la memoria colectiva de la ciudad con un significado de resistencia y sacrificio compartido.
¿Por qué no tomar esta efeméride como el día grande de Zaragoza? Ciudades como San Sebastián celebran su resistencia con su famosa "Tamborrada", mientras que Madrid recuerda el 2 de mayo como un símbolo de la lucha por la independencia nacional. ¿Por qué Zaragoza no hace lo mismo con los Sitios?
Además, la celebración de la Cincomarzada ha pasado por altibajos. Durante la Guerra Civil del siglo XX dejó de celebrarse y no se retomó hasta la década de los setenta por prohibición expresa del la dictadura franquista. Desde entonces, su significado se ha ido diluyendo hasta el punto de que muchos zaragozanos desconocen realmente su origen. Para algunos, se ha convertido en una fiesta con tintes ideológicos, perdiendo el consenso ciudadano que en su día pudo tener.
Si bien nadie niega el valor histórico del 5 de marzo ni la valentía de los zaragozanos de aquella época, es razonable cuestionar si es la fecha que mejor representa a la ciudad en la actualidad. Quizás sea el momento de replantear la festividad y buscar una fecha que unifique a la ciudad en lugar de recordar una guerra entre compatriotas. Un día que, además, sea reconocido con orgullo por toda la ciudadanía y que refuerce la identidad de Zaragoza a nivel nacional. O quizá no. El cuestionamiento legitimo de esta fiesta tiene todo tipo de tonalidades y discusiones.
Sin embargo, una de las efemérides más significativas y representativas de la Zaragoza moderna es los Sitios de Zaragoza y cumplen con esos requisitos. Son el testimonio de un pueblo que resistió hasta el último aliento en defensa de su libertad y de su ciudad. Su recuerdo sigue vivo en la ciudad y en su historia. Pese a que no derivaron en una festividad consolidada como la Cincomarzada, han quedado como el gran hito de resistencia zaragozana y un símbolo que podría recuperar su lugar en el calendario festivo local.
La pregunta parece ser legítima: ¿debería Zaragoza cambiar su día grande y convertir los Sitios en su gran fiesta local? La historia nos da razones de peso para al menos abrir el debate. Sólo es abrir una puerta y llamar a la reflexión; sin más pretensión que esa. Quizá con equivocación... pero merece una reflexión, al menos. Hasta entonces, celebremos la Cincomarzada.




