Opinión | La crisis en Oriente Medio obliga a las empresas aragonesas a revisar costes, rutas y plazos
La escalada en Oriente Medio desde el pasado sábado ha vuelto a tensionar el transporte marítimo internacional y está obligando a muchas empresas aragonesas a revisar sus cadenas de suministro, sus costes logísticos y sus compromisos de entrega. Lo que podría parecer una crisis lejana, supone un impacto directo sobre importadores y exportadores que dependen de rutas marítimas estables y previsibles para garantizar sus operaciones de comercio internacional.
En los últimos días, las principales navieras han comunicado suspensiones de servicio a los destinos del Golfo más cercanos a Iran y que requieren del paso a través del estrecho de Ormuz, recargos extraordinarios (y cuantiosos) y cambios operativos para evitar zonas de mayor riesgo. El problema no es solo el aumento de costes. La principal consecuencia es la pérdida de previsibilidad: más incertidumbre sobre tiempos de tránsito, sobre la posibilidad de llegar a los destinos finales y posibles sobrecostes asociados.
Las empresas exportadoras e importadoras deben tener tres conceptos claros: El primero, que las decisiones de una gran naviera rara vez se quedan aisladas y acaban afectando al conjunto del mercado. El segundo, que los desvíos generan efectos secundarios más allá de la zona afectada, tensionando equipos, escalas, tiempos de tránsito y otras rutas que, a priori, podría parecer que no deberían verse afectadas. Y la tercera, que el Incoterm negociado entre vendedor y comprador puede cambiar por completo quién debe asumir determinados costes extraordinarios que se producen en estas situaciones.
Para muchas empresas aragonesas, esto se traduce en problemas muy concretos: revisar embarques ya cargados, analizar si conviene embarcar ahora o esperar pedidos ya confirmados, comprobar la exposición contractual según el Incoterm y replantear rutas o calendarios de suministro. En un tejido empresarial con fuerte componente industrial y exportador, cualquier alteración logística puede trasladarse rápidamente a producción, aprovisionamiento y servicio al cliente.
Además, las aseguradoras ya están reaccionando. Reuters informaba este jueves de fuertes subidas en primas de seguro marítimo vinculadas al riesgo de guerra, una señal clara de que el conflicto ya está teniendo consecuencias económicas reales sobre la operativa.
Nuestra recomendación es clara: actuar con rapidez, pero sin improvisar. Conviene revisar las operaciones previstas para las próximas semanas, priorizar la carga crítica, confirmar responsabilidades contractuales y reforzar la visibilidad sobre la cadena de suministro. En momentos como este, el mayor riesgo no siempre es el recargo. Muchas veces, el verdadero problema es la pérdida de previsibilidad. Y esa falta de previsibilidad, lamentablemente, llevamos muchos años sufriéndola.
*Óscar Calvo es Managing Director en JCV Shipping & Solutions. Transitario marítimo

